Las autoridades deben prohibir los juegos de pólvora peligrosos.
Jorge Palmieri
El titular de primera plana de La Hora del lunes 26 del mes en curso fue: Silbador quema otra vivienda y como subtítulo Niños siguen siendo las principales víctimas de jugar con fuego; no aprenden la lección de cinco menores muertos. En las páginas interiores, un titular decía: Cachinflín cobra la vida de cinco niños y relata que “… la tristeza y el dolor se apoderó de una familia con la muerte de cinco niños. De acuerdo con información proporcionada por los socorristas, los pequeños murieron calcinados ayer por la madrugada. El incendio se originó a causa de un cachinflín que entró a la casa quedando cerca de una caja con ropa, lo cual hizo crecer las llamaradas. Los infantes se encontraban durmiendo cuando ocurrió el incidente. La mamá, María Clara de De Paz, estaba fuera de la casa porque fue en busca de otro de sus hijos que estaba participando en una obra de teatro. El inmueble está ubicado en el lote 71 “A” sector 4 del asentamiento Santiago de los Caballeros en la zona seis capitalina. Según algunos comentarios de los vecinos, uno de los niños pidió auxilio pero nadie acudió. Los fallecidos son Ana Belén, de 2 años, Saulo Daniel, 3; Juan Antonio, 6; Clara Luz Yesenia, 10 años de edad. El dolor de De Paz es indescriptible”. ¡Qué dolorosa tragedia!
En la misma página hay otro reportaje titulado Silbador quema otra vivienda que principia: “La casa de Rubén Mazariegos, director del sindicato del hospital general San Juan de Dios se quemó anoche a causa de un cachinflín que quemó por completo la morada y locales aledaños. No hay heridos, pero se estiman pérdidas de más de Q400 mil”.
El Editorial es titulado Tragedia pirotécnica y es tan bueno que me habría gustado reproducirlo totalmente, pero para no abusar de la autorización del colega Óscar Clemente Marroquín voy a reproducir sólo los dos primeros párrafos y el último. Comienza: “La muerte de cinco niños como resultado del incendio de su vivienda causado por un silbador debiera ser motivo más que suficiente para que las autoridades actuaran y tomaran decisiones respecto a los juegos pirotécnicos que constantemente provocan desgracias en el país. Hemos sido insistentes en el daño que tales artefactos provocan, además del gasto estéril que significa ese estruendo para celebrar las fiestas, porque año con año el Estado tiene que gastar mucho dinero en atención a las víctimas de accidentes”.
El segundo párrafo se refiere concretamente a esa tragedia: “En este caso estamos frente a la desgracia extrema porque se perdieron cinco vidas inocentes por culpa de la irresponsabilidad ya no de quien lanzó el silbador, sino de autoridades que no entienden la necesidad de regular el uso de esos peligrosos explosivos. Los cuerpos de socorro informan constantemente de lo peligroso que son especialmente los silbadores que no pueden ser controlados por quienes los lanzan porque su diseño los vuelve totalmente incontrolables y capaces de provocar siniestros de gran magnitud”.
El último párrafo concluye: “Suprimir el uso irresponsable de la pólvora es algo que tiene que hacerse sin dilación y ojalá que para el Año Nuevo, cuando nuevamente se manifiesta esa costumbre ruidosa y peligrosa, ya existan mecanismos adecuados para lograr que los guatemaltecos podamos disfrutar de más seguridad. Es un absurdo que cuando sufrimos tanta violencia y se pierden tantas vidas por la incapacidad del Estado de proteger a sus ciudadanos, todavía se permitan tragedias como la que obliga a escribir este llamado de atención a las autoridades. El tiempo apremia porque en menos de una semana otra vez estaremos sufriendo los efectos de esa tradición que debe ser, cuando menos, objeto de regulaciones muy firmes”. Comparto estas palabras.
Pero no crean que sucede sólo entre la gente de menos capacidad intelectual y baja posición social y económica, porque lo hacen también algunos imprudentes que viven en condominios. Me consta porque, lamentablemente, lo sufrí en carne propia a la medianoche del 24 en el pequeño condominio donde vivo. Fue insoportable el estallido de los cohetes y el peligro de los silbadores y muy desagradable y dañina la hedentina a pólvora quemada que quedó en el ambiente.
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