La madrugada del pasado sábado 31 de diciembre, varios individuos armados con fusiles de asalto AK-47 y vistiendo uniformes de policía, ingresaron a las bodegas del Servicio de Análisis e Información Antinarcótica (SAIA) de la Policía Nacional Civil (PNC), y sustrajeron 475 kilos de cocaína.
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La madrugada del pasado sábado 31 de diciembre, varios individuos armados con fusiles de asalto AK-47 y vistiendo uniformes de policía, ingresaron a las bodegas del Servicio de Análisis e Información Antinarcótica (SAIA) de la Policía Nacional Civil (PNC), y sustrajeron 475 kilos de cocaína.
La droga sustraída equivale a la mitad del cargamento de 997 kilos decomisado el 15 de noviembre de 2005, en la portuaria Santo Tomás de Castilla (Izabal).
Indudablemente, los asaltantes sabían que la droga estaba guardada allí y que no había sido incinerada, por lo que se presume que hubo filtraciones de información desde lo interno de la SAIA.
Sin perjuicio de que se ha puesto en evidencia, una vez más, la absoluta y total incapacidad de la PNC en materia de custodia de la droga incautada, este operativo del crimen organizado reviste las características de un claro desafío para el Estado de Guatemala. Es una manera de demostrar el poder del narcotráfico frente a las instituciones del sector justicia.
El mensaje desafiante es alto, fuerte y claro, y lo único que puede deducirse es que, a pesar de los golpes que se han venido dando al narcotráfico, su capacidad de defensa y de contraataque es muy poderosa, al extremo que está en condiciones de recuperar buena parte de las incautaciones de droga en cuestión de días, por supuesto ante el total desconcierto de las autoridades.
Por consiguiente, la respuesta del Estado de Guatemala debería ser contundente, para no dar la impresión ante la población de que está siendo doblegado por el narcotráfico. Este es el momento en que debe jugar un papel importantísimo y decisivo la inteligencia civil del Estado.
La “sobada de cara” debe ser cobrada con creces por las autoridades. Y la única forma de hacerlo es a través de la captura inmediata de los autores intelectuales y materiales, a los cómplices y a los encubridores de esta insoportable incursión criminal en la SAIA, y de la recuperación de la droga sustraída. No hay de otra. El fracaso no es opción.
Simplemente no es posible que las autoridades se traguen la afrenta y que nada pase. Esto equivaldría a claudicar ante el poder de la mafia y abrir la puerta de par en par para que vuelva a ocurrir lo mismo una y otra vez. ¡Hay que sentar un precedente demoledor y ejemplar de una vez por todas!
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