No se busca a quien la debe, sino a quien la paga.
Jorge Palmieri
Con el escándalo que la noticia merece, los medios de comunicación han reportado que durante la madrugada del sábado 31 de diciembre, un grupo de hombres uniformados de policías y armados con fusiles AK-47, asaltaron las bodegas del Servicio de Análisis e Información Antinarcóticos (SAIA) de la Policía Nacional Civil (PNC), en la zona 6, y sustrajeron 475 kilos de cocaína que estaban en un trailer, la mitad de los 997 kilos que fueron decomisados el 15 de noviembre en la portuaria Santo Tomás de Castilla (Izabal).
Es evidente que los asaltantes sabían que la droga no había sido incinerada todavía y estaba en ese tráiler y no en una bodega adecuada, por lo que cabe sospechar que hubo filtraciones desde la SAIA o que los asaltantes eran miembros de la PNC. El ministro de Gobernación Carlos Vielmann achacó el hecho a “un revanchismo después de la captura de Castillo” y criticó el lento proceso para incinerar la droga, puesto que la ley establece que debe hacerse 20 días después de su incautación, y preguntó por qué la droga permaneció allí tanto tiempo, a lo cual el doctor Watson le habría respondido como a Sherlock : elemental, querido amigo, porque estaba en un pinche ‘trailer’ y no en una bodega adecuada y si la hubiesen incinerado no habrían podido robarla.
Tan pronto se enteró del robo, se puso en acción el director de la PNC, Edwin Sperisen y, como solía hacerlo Elliot Ness al frente de sus “Intocables”, encabezó un espectacular operativo policial de estilo cinematográfico en la zona 3 de la ciudad. Durante más de dos horas cercaron la zona para no dejar salir ni entrar a nadie, por lo que un matrimonio de amigos míos, con sus tres hijos menores (de 12, 7 y 1 año) tuvieron que esperar que terminara la operación para poder llegar a almorzar a la casa de los papás de la esposa y abuelitos de los niños en la avenida del Cementerio. Pero cuando estaban brindando por un feliz y próspero año nuevo, tocaron violentamente la puerta y al abrirla se encontraron con gran número de policías encabezados por el pelirrojo director.
Mi amigo se identificó como propietario de un vehículo que estaba estacionado frente a la casa y le exigieron que mostrara su licencia para conducir, a lo que respondió que no tenían derecho a pedírsela porque no eran de la Policía Municipal de Tránsito (PMT). Entonces le exigieron, en un tono que no dejaba lugar a discusión, que mostrase, tanto su licencia como su Cédula de Vecindad; luego le obligaron a abrir su vehículo para que lo registraran minuciosamente cinco policías; acto seguido trajeron a un perro a olfatear adentro y afuera para ver si había droga escondida, pero el can tenía lodo en las patas porque había llovido y dejó hecho un asco la tapicería de cuero, los muñecos de peluche de la niña de siete años y los pañales de la bebé de un año. Por más que mi amigo protestó, no le hicieron el menor caso y lo trataron con abuso de poder como si fuese un delincuente y no un hombre honrado y trabajador que merece respeto.
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