Más lamentable, es el éxodo al que los chapines se han autocondenado.
Sylvia Gereda Valenzuela
No es hora de rasgarse las vestiduras, ni derramar lágrimas de cocodrilo porque el senado de los Estados Unidos pretende construir una muralla en su frontera con México para impedir el paso de migrantes. Aunque a mí el concepto de un muro de 1,100 kilómetros me suena icónico y repleto de dolorosas significaciones, creo los norteamericanos están en su derecho de hacer que se respeten las leyes migratorias de su país que consideran violatorio ingresar a su territorio sin un permiso o visa. Esa es la ley.
Aunque la idea de la construcción del muro de los lamentos latinos sea difícil de asimilar, considero que el vicepresidente Eduardo Stein, así como su gobierno y los guatemaltecos en general, lejos de seguir quejándonos debemos de comenzar a actuar para conseguir un mejor país, donde los chapines ya no tengan que dejar esta bella tierra para enfrentar la muerte en los norteños desiertos.
Más lamentable que la posible construcción del muro, es éxodo al que los chapines se han auto-condenado por falta de oportunidades, porque sus gobernantes han sido incapaces de ofrecerles educación, trabajo y seguridad.
Pero en estos momentos, cuando el mundo se mueve a la globalización, no me cabe duda que se presentan grandes oportunidades que no podemos dejar pasar.
Nadie edificará el país por nosotros, somos los guatemaltecos los llamados a construir una nación que se ajuste a los requerimientos de las sociedades modernas que claman por una población más educada, con mejor calidad de vida y trabajo.
En el otoño pasado, el secretario de Estado Collin Powell explicó ante un auditorio de Washington donde se encontraban representantes de varias naciones en vías de desarrollo que, “Los negocios son los negocios, el capital, el dinero, es un cobarde. El capital es arrastrado a lugares en donde se aplica el Estado de derecho, lugares donde existe un gobierno responsable de su gestión, donde existe fuerza de trabajo educada y saludable, así como condiciones laborales afianzadas. El Capital huirá, el dinero huirá de la corrupción, de malas políticas. Huirá del conflicto. Huirá de la enfermedad”.
Las palabras de Powell muestran claramente la necesidad que tienen los Estados de corregir sus políticas, si desean abrirse al mundo, a la inversión, al capital que les garantice una vida más digna y que evite que sus habitantes emigren.
Países como India han entendido el mensaje y se están convirtiendo en economías de rápido crecimiento. Los hindúes han optado por ser la primera nación en vías de desarrollo en utilizar la fuerza intelectual de sus habitantes, ellos no competirán por sus recursos naturales o la fuerza muscular de sus trabajadores en las fábricas, de esto ya hay mucho. Su preparación en tecnología de punta e investigación los está poniendo en la cima del planeta.
Para el año 2008, según un reporte de Business Week, los servicios de ingenieros técnicos y “back-office work” se extenderán a US$ 57 billones anuales en la industria de la exportación y conseguirán emplear 4 millones de personas en esta industria. Este crecimiento está inspirando a que los más brillantes se queden en casa, antes de migrar, porque las oportunidades existen en India, a pesar de que aún 300 millones subsisten con menos de un dólar al día y más de la tercera parte del billón de habitantes son iletrados.
China, que hasta hace poco era un país comunista cerrado al mundo, es otro ejemplo de país que decidió sacar a la población de la crisis. El gobierno invierte sus recursos en el ejército industrial más grande del mundo y ha conseguido 17 millones de universitarios, la mayoría científicos e ingenieros. Sólo el 2004, produjo 325 mil ingenieros.
Si estos países, que en la década de los ochenta estaban fuera del espectro de las potencias mundiales han llegado tan lejos, no veo por qué no podemos hacerlo nosotros.
No hay duda que los mayores desafíos se encuentran en los países en vías de desarrollo, que son quienes tienen el crecimiento mundial más acelerado y donde se aglomera el 80 ciento de los seis billones de consumidores que pueblan el mundo. Indiscutiblemente, hacia estas tierras girarán sus ojos las naciones que tienen mucho que ofrecer.
Es una cuestión de voluntad, de afrontar nuestros problemas y chequear nuestras fortalezas para comenzar a caminar.
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