No se debe votar por el más simpático, sino por el mejor preparado.
Jorge Palmieri
En política, muchas personas hablan de carisma y no saben lo que es. Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia, significa: Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar // 2 Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad.
Cometemos un grave error –que lamentamos los cuatro años del período presidencial– cuando votamos por un candidato por el hecho de ser “más carismático”, porque no se trata de elegir al más simpático, al más agradable, sino a quien está mejor preparado para dirigir los destinos del país, a quien garantice que trabajará por el bien común, para mejorar las condiciones de vida de los guatemaltecos y engrandecer al país.
Además, es indispensable que quienes quieren que votemos por ellos para el cargo de Presidente de la República, expongan públicamente, y con la debida amplitud, cuáles son sus ideales políticos, sociales y económicos; qué proyectos tiene; qué plan de trabajo se propone desarrollar a corto y largo plazo, etcétera.
No es cuestión de llevar a la Presidencia de la República a una persona que por su carisma produzca más simpatías. Si así fuese, el pueblo debería elegir a Carlos Pescadito Ruiz o a Martín Machón, o a Juan Carlos Plata, por ser estrellas del fútbol, o al cantautor Ricardo Arjona, porque ya tiene fama internacional y una respetable fortuna. Y sin afán de menospreciar o descalificar a ninguno de estos personajes, por muy buenas intenciones que puedan tener, acabarían de hundir a nuestra sufrida patria que ya ha tenido suficientes decepciones por los compatriotas que, aunque han sido carismáticos, no han sabido gobernar el país y algunos han robado grandes fortunas que podrían servir para ayudar a sobrevivir a los desamparados en la tercera edad.
Es sumamente lamentable que los guatemaltecos nunca nos hemos podido unificar, como debiéramos, probablemente como consecuencia del trauma colectivo que produjo en nuestros antepasados la mal llamada “conquista española” que profundizó aún más la división entre indios, mestizos y ladinos. Quienes todavía no han leído La Patria del Criollo, del desaparecido y talentoso compatriota Severo Martínez, harían bien en leerla para entender muchas cosas.
Esa deplorable división ancestral nos ha impedido unirnos alrededor de algún ideal y compartir la admiración que deberíamos tener por nuestros valores –porque los tenemos, aunque los ignoremos–, y por ello es que, a diferencia de otros países (como México) no nos sentimos orgullosos de nuestra Historia, y no respetamos a nuestros valores porque no les conocemos.
Algunos lectores se preguntarán ¿cómo podríamos respetar y admirar al ex presidente Alfonso Portillo? Lo cual me sirve para respaldar lo que dije antes, porque es indudable que la razón por la cual la mayoría eligió al Pollo Ronco fue su indiscutible carisma, su simpatía personal, su especial capacidad para engañar a la gente. Y ya ven cómo nos fue.
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