laColumna: Mondo sonoroLa voz y el tambor de SandraEl viernes 17, en Trovajazz, la percusionista Sandra Morán, presentó al público el material de su nuevo proyecto discográfico Vale la pena, el cual abarca dos discos repletos de poesía y mensajes, arropados con rítmicas afrolatinas. Por: Jorge Sierra
El viernes 17, en Trovajazz, la percusionista Sandra Morán, presentó al público el material de su nuevo proyecto discográfico Vale la pena, el cual abarca dos discos repletos de poesía y mensajes, arropados con rítmicas afrolatinas.
Asistir a sus conciertos es presenciar una declamación acompañada de música, es decir, lee en voz alta la poesía de otros. Algo que, en principio, queda claro no es cantar. Luego, debe saberse que Morán, a ritmo de reggae, afro-son, candombe o una especie de merengue, bordea poemas como, Mis motivos para ser (Mariel Flores), Esperanza (Julio Esquivel), Pocas calles (Iduvina Hernández), Canto Negro y Mujer tambora (Nicolás Guillén) y así se discurre por fragmentos literarios de poetas consagrados y otros no tanto como Nora Murillo, Eduardo Galeano y Abela Delgado. Los textos, por supuesto, contundentes, con una carga de reclamos, añoranzas o reafirmaciones del derecho a la libertad, la vida, la esperanza. Así también algunas más hablan de las miserias y anhelos urbanos, en fin, qué se entiende, esos temas recurrentes de los novotrovistas, además, en su caso, acompañado de ese pretérito argot revolucionario-militar como, “compañera”, “alcémonos”, “reivindico”, etcétera. Al ver y escuchar a Sandra Morán nos hace clic y nos remonta a esos años sombríos e infames de los 70 y principios de los 80, cuando se escuchaban noticias de la lucha armada de dos bandos opuestos que ilegítimamente decían matar en nombre del pueblo. En fin, esta activista social (miembro del Sector de Mujeres y ex integrante de Kin Lalat), toca además los tambores. Ahora, no sé si decirle percusionista, porque no opera como tal. Si en pocas ocasiones tiene sus escapadas con el tambor, éstas resultan decorativas, sin desarrollo coherente y reiterativas. Sandra Morán ofrece un trabajo respetable. Sin duda. Tiene el valor de subirse al escenario y darse con vehemencia. Sobre todo habla por y para las féminas. Y desde esa postura, aborda temas ante los que no se deben cerrar los ojos, pero sí puedo asegurar que es un trabajo lineal, estrecho, sin recursos melódicos y menos armónicos, quizá lo único amplio sea lo rítmico, pero su desempeño y oferta de nuevo nos remiten a ese hastío que se tiene por la nueva trova y sus panflautores, que no se cansan de subir al escenario a sermonearnos, de hacerse sentir necesarios, de explicarnos lo que sienten, piensan y hacen, y de pregonar que prefieren vivir outsiders. Agregar comentario: |
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