La cobarde y vulgar interpelación a que fue sometida la ministra Aceña es una prueba más del circo político que transcurre en el hemiciclo parlamentario. Nadie discute el derecho que tienen éstos de interpelar, pero pareciera que se esforzaran por demostrar la ineptitud que poseen para desarrollar dicho proceso. Bastó con oír el tono de voz en sus cuestionamientos para darme cuenta del resentimiento que le guardan al gobierno. Indigna el voto de falta de confianza contra Aceña, porque esto demuestra que cualquiera que trate de impulsar mejoras en la educación y les exija a los maestros capacitarse para poder transmitir calidad educativa en las aulas, será castigado por aquellos que han condenado al país a vivir en la podredumbre de una sociedad tercermundista: nuestros ineptos diputados.
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