Los diputados no son quiénes para cuestionar el trabajo de nadie. Venden su voto al mejor postor y los elegimos porque no nos queda más remedio. La dirigencia magisterial es una vergüenza para el gremio. Yo jamás pondría la educación de mis hijos en las manos de personas tan anacrónicas e ignorantes, que, además, responden a intereses muy lejanos a la educación. ¡Abramos los ojos! Por eso es que este país no progresa, porque escuchamos a los retrógrados que se oponen al cambio. Su actitud no demuestra otra cosa que miedo a que se haga evidente su mediocridad. Un consejo para los que piden capacitación: Lean el libro ¿Quién ha movido mi queso?, y de parte mía, un voto de confianza para Aceña.
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