No estamos ni ante la ingobernabilidad y tampoco ha arrancado la campaña electoral.
Pablo Rodas Martini
No cabe duda que los guatemaltecos somos unos escandalosos. La semana pasada estuve fuera del país pero leía a través de la web de los diarios nacionales los dimes y diretes que se tiraban los defensores y los críticos de la Ministra de Educación. El país se había “partido entre los cruzados del bien y los cruzados del mal,” cada grupo, por supuesto, creyendo que ellos representaban a los primeros.
Me llamó la atención la fotografía del gobierno en pleno: Presidente, Vicepresidente, ministros, secretarios y comisionados –todos en masa– para darle su respaldo a la Ministra. Si algún extranjero hubiera visto la fotografía sin saber lo que ocurría en Guatemala habría creído que se trataba de algún intento de golpe de Estado o de algún desastre natural tipo Mitch o terremoto de 1976.
¡No seamos tan escandalosos por favor! Para un gobierno que no tiene mayoría en el Congreso, haber sufrido su primer voto de falta de confianza hasta los 25 meses de gestión, es todo un éxito. A principios de la gestión de la Gana yo escribía un artículo en el que comentaba que las interpelaciones iban a ser algo frecuentes y que no sería nada raro que se dieran votos de falta de confianza a sus ministros. Eso era cajonero teniendo en cuenta que la Gana tenía minoría en el Legislativo. ¡Lo asombroso no es que se haya dado el voto de falta de confianza sino que éste no se haya dado antes sino hasta ahora!
En la interpelación de la Ministra se sabía que si los diputados le daban el voto de falta de confianza, el Presidente la mantendría, y el caso iría de vuelta al Congreso. Sólo habría ingobernabilidad si el Congreso, en dos terceras partes, le volviera a dar el voto de falta de confianza, obligándola a renunciar en definitiva. Eso, sin embargo, no ocurrirá pues para que se diera, los diputados de la Gana tendrían que abandonar al gobierno. En otras palabras, lo que tendremos será una interpelación fallida. Ya hemos tenido muchas otras que obviamente no llegan al voto de falta de confianza, pero ésta sencillamente estaría yendo un paso más y ahí moriría todo. De nuevo, ¡no seamos tan escandalosos, por favor!
Al final de esta semana cada bando gritará victoria: el gobierno por haber mantenido a la Ministra y la oposición por haber arrinconado al gobierno. Se darán más manifestaciones en contra y probablemente a favor. El vicepresidente Stein se reunirá con los dirigentes magisteriales. Llegarán a algunos acuerdos mínimos. El gobierno insistirá en que la Ministra se queda, y bueno, ya en un par de semanas la interpelación será historia y estaremos embebidos en otro de nuestros tantos escándalos como país.
¿Seguirán las interpelaciones y los votos de censura? Podría ser, pero la UNE y demás partidos de oposición tendrán que meditar muy bien su estrategia. En el caso de Educación tuvieron la ventaja de que la interpelación coincidía con las manifestaciones del magisterio, de manera que se daba espectáculo afuera y adentro del Congreso. La oposición, sin embargo, no dimensionó que la ministra Aceña será la funcionaria de gobierno que tiene mejor prensa en el país. Sus políticas podrán ser buenas o malas, pero es evidente que ha sido una trabajadora incansable, y eso es lo que la gente al final está valorando.
En otras palabras, la UNE, que es el partido que lidera esa crítica, tendrá que analizar detenidamente si le conviene continuar las interpelaciones en una fase tan prematura del proceso electoral. Podrá parecer que están vapuleando al gobierno, pero en unas semanas el ciudadano podría hastiarse de tanto lío y la crítica se le podría revertir como bumerang, presentando a la UNE como un partido de crítica destructiva, que no deja trabajar al gobierno.
En síntesis, ni estamos ante la ingobernabilidad y tampoco ha arrancado el proceso electoral. Lo que hay es un escándalo más y algunos fuegos artificiales pre-electorales aislados. ¡Por favor, no seamos tan escandalosos: no nos ahoguemos en el vaso de agua! pablo.rodas@yahoo.com
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