Opinión:Perú, otra vez al borde del caosUn clan político fervientemente dedicado a coleccionar fobias. Por: Carlos Alberto Montaner*
Si el ex comandante Ollanta Humala gana las próximas elecciones de Perú, su padre Isaac, el patriarca de la familia, propone que sean fusilados los homosexuales, los inversionistas chilenos, los judíos, los miembros del Congreso, el presidente Alejandro Toledo, su mujer Eliane Karp y mi amigo el escritor Jaime Bayly, quien no teme enfrentarse valientemente a esta pintoresca familia tan intensamente adicta a la hemoglobina.
Los Humala, como se sabe, forman un clan político fervientemente dedicado a coleccionar fobias. Además de esa copiosa lista de personas que deben ser ejecutadas al amanecer, los Humala detestan a los blancos, a los americanos y a los capitalistas. También, claro, tienen sus filias dulces y apasionadas. Veneran el recuerdo de Juan Velasco Alvarado −un ridículo dictador militar que arruinó a Perú sin compasión hace varias décadas−, aman a Hugo Chávez, a Fidel Castro y a Evo Morales, mientras suponen que debe excarcelarse a los líderes de Sendero Luminoso, la sanguinaria banda maoísta que asesinó a miles de personas en la década de los ochenta y noventa. ¿De dónde sale esta colección de insensatos? No hay ningún secreto. Se trata del producto natural que surge cuando se trenzan los cuatro componentes básicos que componen el ADN político de la familia: el nacionalismo xenófobo, el indigenismo, el militarismo y el colectivismo socialista. Cuando esos elementos se introducen en la coctelera ideológica y se baten fieramente durante cierto tiempo, el resultado final es la tribu Humala: una mezcla de innumerables estupideces, autoritarismo, desinformaciones, actitudes violentas y prejuicios fuertemente arraigados en buena parte de la población latinoamericana. El nacionalismo xenófobo aporta el odio a los chilenos y a los ecuatorianos, pueblos limítrofes con los que han sostenido guerras en el pasado. El indigenismo, machista y profundamente misógino, potencia la homofobia, el racismo antiblanco, el odio a España y el desprecio por la cultura occidental. El militarismo los torna caudillistas, intolerantes, adversarios de los procedimientos democráticos e incapaces de buscar consensos. El colectivismo socialista los hace antiamericanos, anticapitalistas, enemigos de los empresarios y de todos aquellos peruanos que han conseguido labrarse un destino económico superior. Naturalmente, si el señor Ollanta Humala llega al poder todos los males que aquejan a Perú aumentarán de forma dramática. Los pobres multiplicarán su número y la intensidad de su miseria exponencialmente. El Estado, más clientelista que nunca, alcanzará unos niveles siderales de torpeza y corrupción. Terminará el período de estabilidad económica y crecimiento logrado durante el gobierno de Toledo, uno de los mayores de América Latina. La inversión extranjera se frenará instantáneamente. El capital peruano huirá a donde no lo confisquen. La riada de emigrantes será más numerosa. La demagogia y el populismo desatarán la inflación. Comenzará el control sobre los medios de comunicación y no tardará el recorte de libertades. En suma: el horror sin paliativos. Francamente, aunque Humala encabeza las encuestas, asusta pensar que ganaría en una segunda vuelta electoral. ¿Es posible que más de la mitad de los peruanos elijan a semejante personaje antes que a Lourdes Flores, una mujer inteligente y razonable que aparece en segundo lugar? No lo creo. Me gustaría pensar que el APRA en esta oportunidad se alineará con los demócratas. Perú, que pasó recientemente el trauma de Fujimori y Montesinos, no se merece otra caída en el estercolero. *www.firmaspress.com Agregar comentario: |
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