Sustituir la labor de legislar por el mezquino reparto de láminas.
Carlos Contreras Solórzano
No es función de los diputados ejecutar obras, ni mucho menos contar con la facultad de designar la empresa o el contratista que ejecutará una obra determinada en un municipio o un departamento cualquiera. Al Congreso de la República le corresponde por virtud de la Constitución, la potestad legislativa. El Congreso de la República está compuesto por diputados que deben consolidar y ejecutar la labor de emitir las leyes que rigen las distintas actividades del país.
Al Congreso de la República le corresponden atribuciones soberanas del pueblo, tales como recibir el juramento del Presidente y del Vicepresidente de la República y hasta desconocer al Presidente de la República en casos que la propia Constitución establece. Le corresponde elegir ciertos e importantísimos funcionarios del Estado, el control político de la Interpelación de los Ministros y por supuesto las atribuciones legislativas tales como: decretar, reformar y derogar leyes, aprobar el presupuesto de la Nación, decretar impuestos, contraer, invertir, consolidar o efectuar otras operaciones relativas a la deuda pública interna y externa, de gran importancia para el país.
Constitucionalmente el Congreso de la República está llamado a fines superiores del Estado y orientar el rumbo del país a través de su legislación. Porque una legislación debe ser segura, cierta y de largo plazo para generar estabilidad, fijar el rumbo del país y resolver en el largo plazo y permanentemente las grandes necesidades de los guatemaltecos.
Meditar sobre estos temas, discutir amplia y sabiamente sobre lo que más conviene a Guatemala requiere tiempo, esfuerzo y conciencia. Esto es lo que realmente se espera de los diputados y del Congreso de la República. Ante el cumplimiento responsable de esta delicada labor es que se justificaría la denominación hacia los diputados de Padres de la Patria, porque en su función esencial guiarían al pueblo y fomentarían sus legítimos intereses.
Pero lo que sucede en nuestra realidad es que muchos diputados se esfuerzan por asegurarse a través de transacciones espurias con administradores ejecutivos mediocres, ser ellos los que decidan qué obras se ejecutarán en su departamento y quién las ejecutará, porque es a través de esos mecanismos que se distribuyen las comisiones y hasta los pagos de obras sin ejecutar eficientemente. Muchos de los diputados se esfuerzan por pensar en el largo plazo pero de sus hijos, tratando de atesorar en el corto plazo y abandonan completamente la función que la Constitución les designa que sería la de velar por los hijos de todos los guatemaltecos y de plasmar su mejor futuro, en legislación que asegure la justicia y el desarrollo. Al final suplen la noble labor de legislar para el país, por la mezquina tarea de repartir láminas y prorrogar el hambre, asegurándose seguros votos de ignorancia.
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