Las pruebas de ADN no violan la Constitución ni la privacidad de las personas.
Jorge Palmieri
Las pruebas de ADN son exámenes de las herencias genéticas de quienes se sospecha que están implicados en un crimen u otro delito. Pero pocos saben el significado de esas iniciales. Para averiguarlo y compartir la información con los cuatro gatos que me leen, consulté internet. Pero sospecho que no será comprendido por la inmensa mayoría que, como en mi caso, quedarán igual que antes.
Este proceso es fundamental para la transferencia de la información genética de generación en generación porque es la base de la herencia genética. Es la capacidad que tiene el ADN para hacer copias o réplicas de sus moléculas. Las iniciales se deben a que es ácido desoxirribonucleico, un polímero de unidades menores denominados nucleótidos que, junto con el ácido ribonucleico, constituye la porción prostética de los nucleoproteidos. ADN es una macromolécula constituida por ácido fosfórico, desoxirribosa, y una base nitrogenada cíclica que puede ser púrica (adenina ocitosina) o pirimidínica (timina o guanina). ¿Comprendieron?
Viene a cuento porque, a pesar de los insistentes alegatos infundados para tratar de impedirlo que hizo el abogado José Luis Vallecillos, defensor de la señora María del Carmen Barrera Aragón y de su hija Carmen Lucía Dávila Barrera, que acompañaron la noche anterior al sacerdote católico José María Ruiz Furlán (padre Chemita), párroco de la iglesia de la zona 5 denominada Santo Cura de Ars, la juez décima de Primera Instancia Penal, Patricia Gámez, realizó una serie de actividades hasta localizar a las dos mujeres en una supuesta clínica privada situada en el kilómetro 35 de la aldea Matilandia, Santa Lucía Milpas Altas, departamento de Sacatepéquez, para que un químico biólogo procediera a extraerles sangre para que en España se haga la prueba de ADN para comprobar si los pelos que el cura tenía en la mano pertenecieron a ellas.
El abogado Vallecillos alegó en vano que extraerles la sangre es peligroso por el contagio de Sida (a pesar de que las agujas eran nuevas); que viola la Constitución (porque equivale a declarar contra ellas mismas), y que viola la privacidad de las personas. ¡Babosadas! No hubo ningún peligro de contraer Sida, ni se violó la Constitución, ni la privacidad de esas dos mujeres. Es como alegar que se violan la Constitución y la privacidad cuando se toman las huellas dactilares de un sospechoso. No tienen nada que temer si los pelos en la mano del asesinado no eran de ellas. ¡Pueden estar tranquilas! Lo único que logró con su absurda oposición el licenciado Vallecillos fue que algunos malpensados –que ya se sabe que nunca faltan– sospechen que el temor se debe a que la prueba del ADN podría demostrar que aunque la sobrina llamaba “tío” al difunto, o padre Chemita, pudo haberle llamado papá. Con lo cual no tengo ninguna razón para especular. Ni mucho menos el propósito de hacerlo. ¡Dios me libre! Solo digo que despertó esa sospecha entre quienes conocimos el díscolo comportamiento del extinto.
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