Arrastran los despojos de una huelga que fue denuncia.
Miguel Ángel Albizures
No sé si muchos de los estudiantes de hoy no reconocen su casa y si, al mismo tiempo, olvidaron los principios que les inculcaron sus madres, o si por el contrario ya no les inculcan principios ni valores y se pierden en trivialidades, en intestinas luchas de poder arrastrados por algunos de sus propios mentores que encontraron en el paraguas de la cátedra, su forma de hacer política barata, servir a intereses espurios, formar robots neoliberales y, a la vez, enriquecerse con los pocos recursos de una universidad y un estudiantado que merecen un mejor destino. Una universidad mediocre solo puede dar una educación mediocre y solo puede formar hombres al servicio del capital y no del ser humano y, por lo mismo, incapaces de transformar su entorno.
Ciento ocho años después de la primera expresión huelguera bajo el gobierno del sátrapa Estrada Cabrera, los estudiantes de hoy arrastran los despojos de una huelga que fue denuncia, crítica, grito, protesta y propuesta, hacia un pueblo que reconocía en el estudiantado y en su alma máter, la dignidad del país frente a los intereses extranjeros y frente a quienes lo dirigían como una hacienda, fuete en mano, motivo por el cual millares de estudiantes dejaron su juventud y hasta su vida. Por eso tiene razón José García Noval, al lanzar su dura crítica contra los estudiantes y la Usac, que viene a ser grito desgarrador de quien no se deja atrapar por la comodidad frente al entreguismo, conformismo y pasividad que recorre desde hace varios años las aulas de la ciudad universitaria.
¿Qué responden hoy los estudiantes y autoridades a las interrogantes de García Noval? Todavía tenemos la esperanza que, en medio del jolgorio, recapaciten este año de elección de autoridades. “¿Podríamos negar que a partir de los momentos álgidos de la guerra, y luego en la posguerra, en algunas unidades académicas ciertos “profesores” han utilizado las evaluaciones en función de intereses electorales? ¿Podemos identificar algunos casos en que nuestra universidad ha elegido profesionales ética y académicamente descalificados para representarnos ante organismos del Estado? Y, preguntamos ¿quién carga con esa responsabilidad? ¿Existen una o más unidades académicas donde se han elegido –y, a veces reelegido– para cargos de dirección a docentes cuya calidad profesional (ética e intelectual) ha sido ampliamente cuestionada? Qué puede decirse de una universidad donde un sistema de elección, que otrora sirvió para llevar al ilustre Carlos Martínez Durán a la rectoría, hoy se ha convertido en un mercadeo incompatible con la dignidad de una institución académica?” Ustedes tiene la palabra y la acción para cambiar las cosas y rescatar a esa gloriosa y tricentenaria Universidad.
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