Un acuerdo político nacional, protagonizado por los líderes políticos.
Juan Luis Font
Berrinchuda y caprichosa, la sociedad guatemalteca y sobre todo sus elites han mostrado históricamente escasa vocación democrática. A mi modo o de ningún modo. Ese ha sido el lema.
En términos políticos, la vida se divide entre lo malo y aquello que a mí me gusta. El FRG es el partido del jiote aunque uno de cada cinco votos válidos emitidos en las elecciones de 2003 le pertenezcan.
La UNE y Álvaro Colom son tenidos como versiones bajas en calorías y con dificultades de habla del FRG y Alfonso Portillo. No importa que más de un millón de votos los respaldaran en las urnas.
Más allá de ellos, los partidos políticos guatemaltecos tienen casi sin excepción un dueño o caudillo, desconocen las prácticas democráticas en su interior, carecen de interés por capacitar a sus cuadros, se conciben a sí mismos como meros vehículos electorales, rechazan cumplir con el papel de transmisores de la voluntad popular desde la base hasta el poder y ven en el Estado y en el presupuesto público una fuente de empleo y de ocasión de negocio. Es difícil decir hasta qué punto esas organizaciones reflejan cual espejo a la sociedad que dicen representar.
Pese a todo, el modelo legal y político en el cual vivimos les hace indispensables. Es irracional e inútil procurar excluirlos de un acuerdo nacional y sin embargo eso es lo que ha ocurrido en los últimos tiempos.
Lo inteligente y lo único posible en el marco de una democracia moderna es demandarles que cumplan su papel y se ciñan a la persecución de las metas que más le convienen el país. Además de redoblar los esfuerzos por hacer más transparente la administración pública.
Por eso es absolutamente positivo que un grupo de 14 personas provenientes de distintos sectores, pero en principio reunidos por líderes empresariales, convoque a los partidos políticos sin excepción para impulsarles en el cumplimiento de su papel. Se trata de empujar a los dirigentes de los partidos para que sean ellos quienes definan los temas sobre los cuales los guatemaltecos deberíamos tener un acuerdo básico. Revisar los diagnósticos que se han hecho respecto a esos temas en el país (salud, educación, seguridad, desarrollo rural) identificar las metas a perseguir y establecer un mecanismo que permita verificar su cumplimiento. Dos aspectos insoslayables, la precariedad del Estado y la diversidad cultura de Guatemala, atraviesan cada uno de los temas a tratar.
Si esta iniciativa tiene éxito, servirá para definir un interés nacional por encima de los intereses sectoriales y a la larga generará mejores políticos para el país.
Sin duda, no faltará quien intente descalificar el intento porque se incluye a Efraín Ríos Montt y a Álvaro Colom en este esfuerzo. Es previsible también que la paranoia que persigue a una parte de la izquierda nacional descubra pronto la mano omnipresente de la oligarquía en esta iniciativa. Pero el esfuerzo vale la pena. Es acaso un signo de incipiente madurez.
0 comentarios: