A mediados de esta semana, la denominada Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (Conic) llamó a un “levantamiento maya y popular”, a raíz de que sus demandas no fueron satisfechas por el gobierno. La Conic exige la solución a más de cien conflictos agrarios, la condonación del pago de fincas que les entregó el Estado la suspensión de las concesiones mineras y la emisión de una ley de nacionalidad y pueblos indígenas.
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A mediados de esta semana, la denominada Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (Conic) llamó a un “levantamiento maya y popular”, a raíz de que sus demandas no fueron satisfechas por el gobierno. La Conic exige la solución a más de cien conflictos agrarios, la condonación del pago de fincas que les entregó el Estado la suspensión de las concesiones mineras y la emisión de una ley de nacionalidad y pueblos indígenas. Sin embargo, a juicio de la Conic la respuesta que dio el gobierno es insatisfactoria e insuficiente.
La “insurrección” se llevará a cabo a través de manifestaciones, bloqueos de carreteras, tomas de fincas, asambleas sectoriales, etcétera, a partir de la semana siguiente a la Semana Santa, al estilo de los movimientos indígenas y campesinos de Ecuador y Bolivia, según los anunciaron los dirigentes de la Conic.
A la protesta se adherirá el Magisterio Nacional, cuya dirigencia está solicitando al gobierno que se detenga el proceso de destitución del dirigente magisterial Joviel Acevedo y que no se excluya al Procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, de la mesa de diálogo.
Sin duda, este anuncio de la Conic, que la prensa nacional ha interpretado como una clara advertencia de “rebelión social”, resulta altamente preocupante, toda vez que genera inestabilidad y da pábulo a la especulación, a la zozobra, a la incertidumbre y al desconcierto entre la población.
La adopción de vías de hecho por parte del Conic se viene a sumar a la incontrolable violencia que impera en todo el territorio nacional, derivada fundamentalmente de conflictos postergados y no resueltos, extremo que ha dado lugar a que el cardenal Rodolfo Quezada Toruño pida, con razón, la conformación de un frente contra la violencia, propuesta a la que hizo eco el Procurador de los Derechos Humanos.
Claro que lo que todos esperaríamos es que a través del diálogo franco y productivo se fuera abordando y resolviendo la problemática nacional. No obstante, pareciera que la desconfianza, la intolerancia, la intransigencia y el antagonismo se han apoderado de nuestra sociedad. Lamentablemente, pareciera que las condiciones para la concertación son cada día menos propicias para el entendimiento, la comprensión y la distensión. La conflictividad es alarmante y la confrontación se impone por doquier.
Ojalá que todavía estemos a tiempo de lograr acuerdos sociales, con suficiente dosis de voluntad política, que garanticen la convivencia pacífica y la solución adecuada de los problemas en el marco de la ley.
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