Jueves Santo fue el día de Judas, un personaje despreciable al que el mundo moderno está tratando de justificar, porque al despojarlo de la culpa que ha cargado por 2 mil años se está ayudando a que nuestros “judas” duerman más tranquilos. Los miserables están felices, dicen que han encontrado documentos históricos donde evangelistas apócrifos exculpan al comerciante traidor, porque fue el mismísimo Cristo quien le ordenó que lo entregara, y tal descubrimiento libra de responsabilidad al villano.
En nuestra tradición nacional de la representación de la Pasión, siempre se consideró un asunto serio la elección de actores para el papel de Cristo y el de Judas. El de Cristo porque aunque sea teatro todo el mundo juzga al elegido como alguien que no se lo merece, y de Judas porque nunca falta algún fanático armado de piedras que quiera cobrar venganza. La masa se siente confortable en el papel de espectadores, pura gente anónima e impotente presenciando el paso del Nazareno en procesión: vapuleado, con la corona de espinas sangrándole la frente, virtual prisionero, torturado como guerrillero de antes, un marero más con la ropa andrajosa, yendo directo al foso donde han caído tantos hijos de vecino.
Nuestra sociedad está llena de“judas”, y el ambiente más proclive para su desarrollo, cultivo y ungimiento es la política. Se comportan como Judas los diputados que aceptan sobornos en contra del beneficio popular: fallan cuando cobran por firma, cuando ponen tarifa a cada levantada de mano. Los políticos que son designados por el voto para dedicarse a dirigir el rumbo de la nación, se comportan como Judas cuando aceptan dinero de los sumos sacerdotes, de empresarios corruptos, de narcotraficantes o de cualquier otro villano. Ellos están repitiendo la acción de Judas Iscariote, porque no les importa que el pueblo se muera de hambre, que no haya justicia, que la vida se convierta en un infierno, con tal de recibir sus 30 dinares. Pero como el mote de “judas” no les gusta, ahora tranquilizan su conciencia creyendo que lo de Judas no fue tan malo, porque sus actos fueron parte de un designio, sin responsabilidad de su parte. ¡Qué fácil es vivir sin culpa!
Este Jueves Santo muchos de nuestros políticos corruptos asistieron a los oficios o se pusieron la túnica de cargadores y fingieron que son buenos cristianos, pero estoy seguro de que en algún momento sintieron el aparecimiento de la vergüenza, la misma que se ganó Judas cuando besó a su maestro antes de entregarlo. Y si la tradición no se hubiera difuminado tanto, esa noche habrían aparecido sus nombres en los judas de trapo del vecindario, colgando de un poste, señalados su vicios en el tradicional y chistoso testamento de los estudiantes de antes. No los queremos, dirían.
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