Las masivas manifestaciones son imposibles de ignorar dice “The New York Times”.
Jorge Palmieri
Las manifestaciones masivas del lunes pasado en 136 ciudades de los Estados Unidos, en las cuales participaron cientos de miles de personas en favor de la legalización de más de 11 millones de inmigrantes, son “imposibles de ignorar”, dijo en su editorial el diario The New York Times, y las cataloga como “una victoria” para la causa. Bajo el título de “Poder popular”, el poderoso rotativo se hizo eco de las manifestaciones celebradas a lo largo y ancho del país, y se calcula que fueron más de 180 mil los manifestantes en Washington, y más de 100 mil los que marcharon en Chicago, en Phoenix, en Atlanta y en Nueva York. Sin desestimar las de San Francisco y Los Ángeles. En esta última ciudad, que es la que tienen más habitantes en California, el Estado más rico y poblado de la Federación Americana, la marcha fue tan impresionante que el gobernador Arnold Schwarzenegger –un ciudadano estadounidense nacido en Austria– lo comentó favorablemente en una cadena de televisión.
“Te hayan motivado o intimidado, las manifestaciones, fueron imposibles de ignorar”, reiteró el diario más importante de Nueva York, tras recordar que ese país se encuentra profundamente dividido y sin una postura clara sobre la inmigración ilegal. Agregó: “Los estadounidenses difícilmente pueden ponerse de acuerdo de quiénes se trata”, y señaló que tanto en programas de televisión y radio como en el Senado se dan distintas visiones de un colectivo: el de los inmigrantes indocumentados.
The New York Times subrayó que debido a la participación de tantas familias, padres y madres con sus hijos en brazos, y a su comportamiento pacífico, “las marchas fueron “una victoria decisiva para una imagen más positiva de la inmigración”. Y comentó: “Lo cual refleja que las multitudes que salieron a las calles han hecho suyo un pilar del estilo americano de vida, el de que las divergencias pacíficas pueden ser un estímulo para que el gobierno actúe”.
Sorprendió que, a pesar de compartir el origen latinoamericano, generalmente identificado como bochinchero, cientos de miles de manifestantes hayan sido respetuosos de la ley y respetaran el orden. Destacó que los manifestantes estuvieron guiados “más por un sentimiento de esperanza que de agravio”, saliendo “de las sombras de forma valiente” para pedir al gobierno que cambie las leyes, no desde afuera, sino con “el deseo de participar en el sistema”.
Por otro lado, varios periodistas de diferentes medios de comunicación, como el famoso y controversial comentarista Bill O’Reilly, que tiene un programa diario de televisión en la cadena Fox, han criticado la demagogia de ciertos oradores como el senador demócrata Ted Kennedy y otros que compararon estas manifestaciones de ilegales que tienen carácter migratorio, con la lucha del reverendo Martin Luther King, mártir de los derechos civiles de los norteamericanos descendientes de africanos, que culminó felizmente con el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas de raza negra con las de raza blanca. Y en un inolvidable discurso, que ha pasado a la posteridad, reiteró: “¡Yo tuve un sueño!”, y lo mismo decía una de las mantas de los inmigrantes.
Pero hay que reconocer que son dos casos diferentes. Las personas de raza negra que encabezó el reverendo King son nacidas en Estados Unidos y exigían los mismos derechos constitucionales que las personas de raza blanca. Mientras que quienes marcharon el lunes no nacieron en ese país, sino en diferentes países del continente, y están allá ilegalmente porque se las arreglaron para entrar sin visa o permanecer sin permiso para trabajar, como lo siguen haciendo día a día numerosas personas. Hay que comprender que son dos casos diferentes.
No se puede negar que el gobierno de EE.UU. está en su legítimo derecho al tratar de impedir que se sigan metiendo clandestinamente a su territorio personas que no están autorizadas para entrar y permanezcan trabajando sin permiso. Las autoridades migratorias están en su derecho. Es parte de su derecho soberano. No hay vuelta de hoja.
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