Además de que se ha venido reduciendo la cooperación educativa internacional, lo que ha redundado en un menor flujo de becas para estudiar en el extranjero, los guatemaltecos aprovechamos poco estas oportunidades de preparación académica en el extranjero. Según la Segeplan, encargada de la recepción y canalización de becas provenientes de la cooperación educativa internacional, muchas oportunidades se desperdician por falta de interés y desconocimiento de idiomas extranjeros.
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Además de que se ha venido reduciendo la cooperación educativa internacional, lo que ha redundado en un menor flujo de becas para estudiar en el extranjero, los guatemaltecos aprovechamos poco estas oportunidades de preparación académica en el extranjero. Según la Segeplan, encargada de la recepción y canalización de becas provenientes de la cooperación educativa internacional, muchas oportunidades se desperdician por falta de interés y desconocimiento de idiomas extranjeros. Sin duda, esta es una verdadera tragedia para el país, porque no solo las oportunidades de preparación en el exterior son escasas, sino que no estamos en capacidad de aprovecharlas. Algo está fallando y grueso.
No aprovechar una beca es pecado mortal, considerando que el aumento del precio de las matrículas universitarias en EE.UU., en Europa y demás, se ha disparado, que la devaluación del quetzal ha restado capacidad de apoyo a los estudiantes que desean estudiar afuera y que las políticas de admisión en las universidades extranjeras se han endurecido en aras de la excelencia académica.
Si a lo anterior agregamos que los programas de maestría y de especialización en Guatemala están estructurados de manera similar a los programas de pregrado, que los recursos para la investigación y el desarrollo en ese nivel presentan graves vacíos y que el aumento cuantitativo de los programas no implica un incremento en la calidad académica, concluimos que la situación no es otra cosa que un círculo vicioso que nos condena a la mediocridad y, peor aún, a la marginación y a la exclusión en el actual mundo globalizado y competitivo, cuya cualidad radica en el conocimiento y la tecnología.
Guatemala no debería desperdiciar las becas provenientes de la cooperación internacional, que ya de por sí es el colmo, sino que, además, debería financiar, con recursos públicos y privados, la capacitación y profesionalización en el extranjero. La apertura al mundo, a través de la internacionalización de la economía, demanda la existencia de profesionales con capacidad para asimilar, interpretar y adaptar las innovaciones que se produzcan en la ciencia y la tecnología. Se necesitan profesionales capaces de administrar la adopción y canalización de ese conocimiento hacia la producción de bienes y servicios. La elevación de la calidad de la oferta estimula la adopción de procesos productivos más eficientes y modernos, no sólo en el ámbito económico, sino también en los espacios de producción social. Necesitamos formar guatemaltecos con mayor capacidad para afrontar los desafíos de un nuevo esquema de relación con el mundo.
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