Salí del país para gozar de otro ambiente y celebrar un cumpleaños.
Jorge Palmieri
Mi mayor anhelo en la vida es que la muerte me sorprenda escribiendo, pero el publicar una columna diaria seis veces a la semana, durante diez años consecutivos, me hizo desear disfrutar de otro ambiente, y pude hacerlo el sábado 15 del mes en curso, a las 10 de la mañana, en el vuelo 320 de TACA (¡naturalmente!), con destino a Miami. Además, tenía el deseo de celebrar allá que el martes 18 mi muy querido hijo más joven, Alejandro, iba a cumplir 31 años de haber salido del vientre de mi amada esposa Anabella (q.e.p.d.).
Empero, dejé escritos seis artículos para que ni un solo día fuese a faltar mi columna en elPeriódico, entre ellas cuatro relativas al temible coronel Ollanta Humala, el caudillo indígena ultranacionalista que ha surgido en el Perú, quien probablemente ganará la segunda vuelta electoral si compite con el ex presidente Alan García, a quien muchos no le perdonan la mala situación económica, política y social en la que les dejó. Si se aburrieron con esos artículos lo siento mucho, pero los creí interesantes y me sacaron del problema.
Todos los días leía los periódicos de Guatemala para estar informado de lo que ocurría, gracias a lo cual pude enterarme de lo bueno y de lo malo que sucedió. Algunos temas merecen atención, pero hay uno que debería tomarlo como oír llover, pero me voy a referir a él por la amistad que en el pasado tuve con su autor y sus padres adoptivos.
El domingo 16, la Revista D de Prensa Libre publicó un magnífico reportaje de Francisco Mauricio Martínez, con buenas fotos de Carlos Sebastián, titulado “Me acelera el corazón”, sobre el famoso, admirado y respetado médico y cirujano cardiovascular guatemalteco Rafael Espada; una colección de fotos de nuestra bella Guatemala tomadas por Edgar Monzón; un reportaje de Julieta Sandoval y fotos de Sebastián “Un lugar muy Especial” sobre el Instituto Neurológico de Guatemala donde los niños con síndrome de Down desarrollan capacidades y adquieren destrezas que les permite adaptarse mejor a la vida diaria; un reportaje con texto y fotos por Ingrid Roldán Martínez sobre La Avenida de las Américas; otro sobre los tesoros del Vaticano; otro de Ingrid Roldán sobre la Bienal de Arte Paiz; asimismo, el interesante reportaje “La vida en 6 patas”, sobre el mundo de los bichos.
Hablando de bichos, en la sección editorial del mismo diario se publicó la columna dominical de José Eduardo Zarco titulada “Admirable, pero le falta”, y el subtítulo “Palmieri me da una bienvenida a su estilo”, en la cual comete el abuso y atrevimiento de faltarme al respeto y, además, demuestra que el excesivo consumo de alcohol y drogas han dañado sus neuronas cerebrales. No fue capaz de comprender que la legítima y sincera intención de mis artículos del 24 y 25 de marzo fue darle una cordial bienvenida -otra vez- al periodismo, después de que el domingo 19 él mismo informó, sin que nadie se lo estuviese preguntando, que estuvo ausente largo tiempo por estar dedicado a consumir alcohol y drogas.
Confiesa que para atacarme se dejó influir por “el disgusto” que mis artículos causaron a algunos de sus “amigos” (que quizás son como él). No le dio la cabeza para comprender que mi auténtica intención fue apoyarle con los casos de escritores geniales que fueron drogadictos como él, y desearle que se cure, como lo he hecho en otras oportunidades en las que se ha ido a hospitales especializados de Miami para tratar de curarse.
Lo más pendejo que dijo es: “Me gustaría retar a este famoso personaje a que nos presente al verdadero Jorge Palmieri y no sólo al heroico y experto periodista que dice ser”. Y agrega: “que nos cuente de sus pecados, sus errores, sus debilidades y miserias, si es que las tiene”. ¡Claro que tengo miserias, como todos los humanos, pero no las ando contando! ¿Qué se está creyendo para “retarme” a escribir sobre lo que él desea? ¿Quién se cree que es por haber heredado un fideicomiso y unas acciones en la sociedad de Prensa Libre? Finalmente, jamás he dicho que soy “heroico”, ni tampoco un “experto periodista”. Sólo soy un periodista que dice lo que piensa… pero también piensa lo que dice. A diferencia de quienes, como él, no piensan lo que dicen y por ello dicen tantas estupideces. (Continúa)
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