Ayer, hace 7 años, fue asesinado, con ensañamiento brutal, premeditación, ventaja y alevosía, el ingeniero Édgar Alfredo Ordóñez Porta.
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Ayer, hace 7 años, fue asesinado, con ensañamiento brutal, premeditación, ventaja y alevosía, el ingeniero Édgar Alfredo Ordóñez Porta. El ingeniero Ordóñez Porta fue secuestrado, a inmediaciones de la fábrica donde laboraba, instalada en el municipio del Puerto de San José, departamento de Escuintla, y después de haber sido torturado fue ultimado a balazos. Posteriormente, sus victimarios abandonaron el cadáver lacerado en un pozo, donde días después fue encontrado por la policía en estado de descomposición.
Según lo ha denunciado el hermano del occiso, Hugo Ordóñez Porta, las investigaciones del asesinato han estado matizadas por irregularidades y anomalías que involucran a funcionarios militares y civiles del régimen de Álvaro Arzú Irigoyen (1996-2000).
En su oportunidad, el resultado de las investigaciones llevadas a cabo por el Ministerio Público desembocó en la captura de varios presuntos autores materiales del hecho de sangre, los cuales fueron absueltos, por falta de prueba, por los tribunales de Escuintla, de lo que se deduce que eran “chivos expiatorios”. Lo cierto es que, a estas alturas, aún se desconoce el móvil del asesinato de Ordóñez Porta, y está pendiente de identificarse y juzgarse a los autores intelectuales y materiales del mismo.
Dado que el crimen podría tener la connotación de una típica ejecución extrajudicial, fundamentalmente por las características del hecho, la Minugua intervino y lo catalogó como uno de los casos paradigmáticos de violación al derecho humano a la vida y a la integridad física de las personas en nuestro país. También la Fundación Myrna Mack ha tomado cartas en el asunto, al igual que otras instituciones defensoras de los derechos humanos a nivel nacional e internacional.
El asesinato de Ordóñez Porta se asemeja a los asesinatos de monseñor Juan José Gerardi Conedera, del hermano marista Moisés Cisneros y de la antropóloga Myrna Mack, entre otros, y forma parte ya de la ignominiosa cadena de muertes impunes que ha caracterizado a este pueblo sufrido y oprimido.
La vida de Ordóñez Porta fue segada por la inmunda mano del miserable sicario, que vive del asesinato cobarde de sus semejantes, con absoluta impunidad, guareciéndose a las sombras del poder, y que no respeta leyes ni derechos, sino que asesta el golpe con premeditación, alevosía y ventaja, habilitado por el perverso autor intelectual que se vengó impunemente.
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