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laColumna: Máquina del Tiempo

Abrir una puerta

“Un país lejano puede estar cerca, puede quedar a la vuelta del pan…”
Mario Benedetti

Por: Arturo Monterroso

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Llamó el martes pasado para decir que se va mojada a Estados Unidos. Le advertimos de los peligros que afronta una mujer que se aventura a pasar subrepticiamente la frontera estadounidense y de la burbuja que resulta ser, en la mayoría de los casos, el sueño americano. Pero no hubo modo de convencerla porque ella no tiene ningún sueño, eso dijo. Todo lo que quiere es conseguir un trabajo. Y mandarle dinero a su familia. Además, ya tenía apalabrado al coyote y ya le había pagado una cantidad considerable —producto de la venta de un terreno de sus padres— para asegurarse de que llegará a su destino, en California, donde vive su hermana.

Se llama Ángela pero igual podría llamarse de otra manera. Trabajó un tiempo como sirvienta en las casas de la capital, después de haberse graduado de secretaria, en Coatepeque —profesión que nunca ejerció debido a su falta de referencias y escasa preparación—, pero luego pensó que debía seguir estudiando para convertirse en enfermera o en profesora de segunda enseñanza. Y así llevar una vida más satisfactoria y tener un mejor ingreso.

Sin embargo, mientras estudiaba enfermería, en Quetzaltenango, averiguó que las enfermeras ganan unos salarios que darían risa si no dieran ganas de llorar primero. Igual que las profesoras. Mejor, le dijeron, debía poner un su negocito y salir adelante como lo han hecho los comerciantes de Coatepeque, que venden todas esas mercaderías que vienen de México. O dedicarse al contrabando hormiga. El problema es que ella no tiene espíritu mercantil —eso dijo—, sino tenía el deseo de ganarse la vida y ayudar a la gente al mismo tiempo. Ese era su único sueño. Y decidió seguir estudiando.

Sin embargo, preocupada por la precaria situación familiar, un día dejó la escuela de enfermeras y regresó a su aldea de la Costa Cuca para trabajar en las labores del campo. Unos meses después se dio cuenta de que no aportaba mayor cosa y sólo era una carga más. El café de la pequeña y remota parcela de su padre —un ex pac cuya historia ignoro— no rendiría más que para ir mitigando el hambre, porque desde la caída de los precios y el abandono de las grandes fincas, la situación ha ido de mal en peor. Claro que podría regresar a la capital y emplearse nuevamente en alguna casa —es veloz para la limpieza, se defiende bien en la cocina, puede hacer las compras, contesta mensajes y escribe notas y, además, está siempre de buen humor—pero quiere ganar un poco más para ayudar a su familia. Así que todo está dispuesto para el viaje, uno de estos días, si no es que ya se ha ido y ahora mismo está escondida en alguna casa de la frontera norte de México o desayuna con su hermana, en California.

Hace ya un par de meses, alguien le dijo a Ángela que debía darse prisa porque después de construido el muro va a ser muy difícil cruzar la frontera. Aunque tampoco ahora es fácil y se deben sortear toda clase de peligros: las maras, la policía, los delincuentes, los cazadores de inmigrantes, el desierto, la patrulla fronteriza… Pero la reconfortó saber que su hermana hizo el mismo recorrido, hace un par de años, y que logró llegar a California para empezar una nueva vida. Y quizá, pienso yo, hasta haya tomado parte en las manifestaciones de los inmigrantes, el pasado 1 de mayo. Porque al haber subrayado su importancia en la economía y, sobre todo, su condición humana, talvez hayan logrado influir en la decisión del Senado, consiguiendo así que la reforma migratoria no les sea del todo adversa. No obstante, aun si todos los inmigrantes pudieran legalizar su situación, no se habrían resuelto más que sus casos particulares, abriéndoles la puerta para una vida digna. Y garantizando así las remesas que mantienen el precario equilibrio económico de algunos países de América Latina que, como Guatemala, no han encontrado una vía para el desarrollo. Hasta entonces, el flujo migratorio no se detendrá. El pasado martes, cuando Ángela llamó para despedirse, nos dijo que todo lo que quiere es abrir una puerta. Aquí, todas las ha encontrado cerradas.

Guatemala, 4 de mayo de 2006
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