Actualidad: Edición DominicalSepalau y las mujeres que cuidan el aguaMás que un simple destino turístico, las lagunas de Sepalaú en Chisec, Alta Verapaz, son ejemplo de la respuesta ecológica que sus habitantes aportan a la crisis mundial del agua. Más de 120 mujeres dejaron la tradición de lavar ropa en las lagunas y ahora usan pilas comunales con un circuito de tratamiento natural que filtra y limpia el agua. Por: Lucía Escobar
El IV Foro Mundial del Agua realizado del 18 al 21 de marzo en la ciudad de México arrojó datos escalofriantes. En menos de 25 años, según los expertos, los afluentes de agua de Guatemala y del área estarán contaminados en su totalidad.
En una nota periodística, Óscar Hernández, ingeniero y miembro del Programa de Agua y Apoyo a la Reconversión (Parpa), afirmaba que el problema, además, es la contaminación provocada por las aguas residuales, y la deforestación. “El 75 por ciento de agua superficial se encuentra sucia”, sostuvo. En este contexto cobra importancia el esfuerzo que las mujeres realizaron en las Comunidades Sepalaú, Sepoc II, y Setzac en Chisec, Alta Verapaz, para hacer funcionar el Lavadero Comunal y Sistema Natural de Tratamiento de Aguas. Una, dos, tres y cuatro, todas diferentes En Sepalaú hay cuatro hermosas lagunas de aguas cristalinas cuya gama de colores va de los turquesas a los verdes. Las características topográficas permiten que se unan cuando las corrientes pluviales las alimentan, una de ellas desaparece en verano, entonces deja cien cuerdas de tierra libres que se convierten en campo de fútbol. Están rodeadas de montañas boscosas, llenas de pájaros cantores, reptiles y mamíferos pequeños. Durante el invierno, cuando la laguna crece, pueden verse los caminos perderse entre el agua y los árboles saludan desde el fondo. Bryan Smith, integrante del Cuerpo de Paz e impulsor de este proyecto, cuenta que la idea nació entre los mismos habitantes quienes veían cómo los turistas se negaban a pagar el ingreso a las lagunas al verlas contaminadas con jabón, ya que era ahí donde las mujeres se bañaban y lavaban su ropa. “Hice el diseño y preparé la propuesta para solicitar fondos de AID después de hacer consultas con los biólogos Ranil Senanayake, Sady Santamaría, y George Veni”, dice. Hoy, las mujeres de estas tres comunidades caminan más lejos que antes con su carga de ropa mojada y además pagan Q1 cada día que usan los lavaderos ecológicos. El esfuerzo es mayor que antes, pero están conscientes de la importancia de contar con este centro turístico limpio. Este circuito funciona con cuatro pilas comunitarias (cada una con seis espacios para lavar) que bombean agua de la laguna por medio de paneles solares. El agua sucia llega primero a la fosa séptica que cuenta con el sistema de filtración de arena y piedrín. Un poco más limpia ahora, entra por la tubería al primer pozo abierto de absorción que incluye plantas especiales (Sapatophyllum sp. o mosh de montaña, así como Rushes) que se alimentan de los químicos del jabón. Después del primer pozo de absorción, el agua sale al segundo pozo que tiene plantas acuáticas (Echinoria Crassipes y especies Pistia). Estas plantas se alimentan de los químicos del cloro y jabón. Luego el agua regresa completamente limpia hacia la laguna. El lavadero es un centro de reunión y trabajo para las mujeres. Los niños pequeños revolotean alrededor de las pilas y algunos bebés descansan en hamacas. Algunas llevan colgados sus carnés de identificación sobre la blusa y otras lo tienen al ladito. La única de ellas que habla un poco de español es Carmen Pop Caal, de 20 años, quien dice que es más bonito lavar en los lavaderos porque no tienen que estar tan inclinadas, tienen sombra y conservan la laguna limpia, además pueden bañarse luego de lavar la ropa. Una de las señoras contó que cada laguna tiene nombres diferentes: Santa María, Ab San Ja (agua salada), Axaallicox (laguna camarón) y Xaal Coc (agua de tortuga). Marcos Xe, presidente de la Asociación de Desarrollo Integral de Sepalaú, dice que las lagunas son mágicas porque cambian de forma constantemente. No se permite cazar ni pescar sin permisos, pero sí se puede pasear en canoa y nadar. Más de 250 familias esperan que este proyecto sea modelo para otras comunidades y así recibir más turistas que disfruten de la naturaleza acompañados de guías capacitados. Las mujeres tienen la ilusión de que su sacrificio (viajar más lejos y pagar por lavar) tenga resultados para sus hijos. Agregar comentario: |
Más en esta sección
Mas enviados
Los más leidos |
0 comentarios: