Opinión:
Con sorpresa ha recibido la sociedad nacional la idea del gobernante de convocar a un diálogo nacional, acompañado de un foro paralelo sobre la cuestión fiscal, los resultados de ambos ejercicios deberán ser aplicados por el próximo gobierno, pues ahora no piensan “jugársela” con las cuestión impositiva, ni proyectos de respuesta a la demanda social. Habrase visto. Qué talento de estadistas.
La reacción causada tiene bases de apoyo: querer cargar al próximo gobierno lo que este ha sido incapaz de hacer, por su intolerancia, omisión e incapacidad – por ejemplo los presupuestos no se ejecutan más allá del 90 por ciento– y si algo ha demostrado este gobierno es su imposibilidad de concertar. Suena entonces demagógico que 16 meses antes de irse proponga un diálogo nacional que los sectores sociales hemos demandado en años recientes sin resultado. Por otro lado el gobierno tiene instaladas por lo menos cuatro mesas de trabajo para articular propuestas (de corto plazo) sobre la cuestión rural. A saber: deuda agraria, conflictividad agraria, reactivación de la economía campesina para las víctimas del Stan y la carta mayor : Mesa Intersectorial de Diálogo y Participación sobre Desarrollo Rural, cuyo mandato es definir la política pública de largo plazo en este tema. Por otra parte de forma muy seria en cuerda separada se lleva el Diálogo Nacional Agrario convocado por la Corte Suprema de Justicia a instancias del magistrado Rodolfo de León Molina que ciertamente avanza. El problema de las “mesas del Ejecutivo” es que pese a su cantidad sus resultados son pírricos, absorben una cantidad impresionante de recursos en horas trabajo y solo han servido para deslegitimar el diálogo. Si a lo anterior sumamos el presupuesto nacional 2007 está definido, ya municipios, departamentos y regiones han presentado prioridades, este gobierno tiene escasa capacidad de maniobra, para responder a la agobiante situación nacional. Entonces la pretensión es clara: atole con el dedo. Asímismo a nueve días de iniciar el diálogo no se ha explicitado el método y agenda propuesta, ni qué pasará con los resultados de las mesas ya en marcha, especialmente la de diálogo y participación sobre desarrollo rural que absorbió por lo menos 18 meses de trabajo. Esto confirma la hipótesis: estamos frente a otra ocurrencia. No es justo hacer perder a la sociedad el tiempo, es hora –tardía– pero algo es que ejecuten, que trabajen que den muestras de coherencia, seriedad y de sentido de compromiso con los sectores populares de la nación. Bastaría asumir la agenda de los Acuerdos de Paz . Con esa dirección y voluntad política podría en dieciséis meses facilitar a los pobres acceso a recursos productivos, seguridad ciudadana, garantía alimentaría y empleo, en otras palabras tierra, tortilla, trabajo y no espectáculos espurios. Agregar comentario: |
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