Opinión:El escabroso terreno de la política partidariaPor el control democrático de los servicios de seguridad e inteligencia. Por: Iduvina Hernández
Las prácticas conocidas en el ejercicio de la vida interna de las organizaciones políticas en Guatemala, incluyen el caudillismo, la venta de espacios, el lavado de activos y hasta el robo de la organización partidaria. Este último fenómeno, repetido entre 2003 y abril 2006, ha sido evidente en los partidos Unionista y Unidad Democrática. El primero de los mencionados inició en 2000 como un esfuerzo promovido por Gustavo Porras Castejón y allegados. El grupo gestor del Partido Unionista, recorrió prácticamente la totalidad del territorio nacional, antes de cualquier campaña política, promoviendo organización de base. En su intento, Porras buscó formar y desarrollar un partido político de nuevo cuño, con presencia de organización comunitaria, representativa del universo nacional. El sueño tornó a pesadilla cuando Álvaro Arzú y sus seguidores arrebataron a Porras la Secretaría General del Partido Unionista. Al final, la agrupación terminó en manos de un grupo de ex funcionarios del gobierno de Arzú.
Más recientemente, Norma Quixtán, ex gobernadora de Quetzaltenango y actual Secretaria de la Paz, quedó fuera de la dirección de UD. Manuel Conde Orellana y allegados, se impusieron a último momento en la elección del Comité Ejecutivo Nacional. Si bien la ex gobernadora no había realizado un esfuerzo como el de Porras en la construcción de un partido, sí provenía de las filas mismas de la agrupación. Algo que no podía afirmar Conde Orellana quien, apenas en la elección general recién pasada resultó perdedor promovido por el extinto Cambio Nacional.Revisando la Historia, el recuento podría resultar interminable si se analiza, por ejemplo, la llegada del casi olvidado Obdulio Chinchilla Vega a las filas del Partido Revolucionario, a principios de los 90. En todo caso, la fragilidad del esquema político ha facilitado que las organizaciones partidarias sean fácilmente penetrables a intereses ajenos o antidemocráticos. Situación que de una u otra forma contribuye a la promoción de funcionarios, diputados y políticos no aptos para el ejercicio de sus tareas, por lo que, fácilmente abonan el camino del desencanto ciudadano. Porras y Quixtán vienen a ser en el último quinquenio, las dos expresiones claras del escabroso camino en la construcción de práctica política democrática.Al fin de cuentas, la partida la resulta ganando quien logre imponer su voluntad a fuerza de empujones o deslizadas de fondos. Agregar comentario: |
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