Como era de esperarse, el llamado al diálogo no tuvo eco en varios sectores. Me parece que esa postura es fácil de explicar, tomando en cuenta que hay quienes viven de las protestas y sin ellas no tienen ninguna relevancia en la realidad nacional. El diálogo debe ser visto como una oportunidad de hacer valer criterios a través de propuestas viables. Lo que pasa es que hay dirigentes que carecen de capacidad para respaldar sus posturas con argumentos técnicos y solo sirven para soliviantar a las masas.
No se puede reprobar un ejercicio que ni siquiera ha comenzado y que merece el beneficio de la duda.
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