Opinión:Compra-venta de alcaldesA los camaleones de la política hay que vigilarlos. Por: Jordán Rodas Andrade
Con la reciente desbandada de diputados de la bancada de la Gana, sale una vez más a debate el tema de los diputados tránsfugas en el Congreso de la República. Sin ahondar en el origen de dicho fenómeno que ha caracterizado a nuestro endeble, poco representativo y menos democrático sistema de partidos políticos, se hace urgente buscar fórmulas que de una u otra manera castiguen a los diputados que sin ningún escrúpulo se cambian constantemente de partido político.
Un fenómeno similar sucede periódicamente con los alcaldes municipales y, sin embargo, no se entra a analizar sus causas y repercusiones en la democracia. La mayoría de alcaldes del país ha llegado a los partidos que los han postulado, no por convicción ideológica, ni identificación programática, sino por ser amigo del dueño del partido y/o por contar con capital financiero para hacer frente a una campaña de mercadeo político. Esa frágil relación candidato-partido constituye el caldo de cultivo propicio para la prostitución política que conlleva la compraventa de alcaldes, que se da, especialmente, luego de avanzado la mitad del período para el cual fueron electos. Existe una corresponsabilidad de quien compra, en este caso el partido oficial, al fomentar el clientelismo político tentando con obras, muchas veces no consensuadas con el sistema de consejos de desarrollo, y de quien se vende, o sea el alcalde, que empeña su dignidad, mercadea con las necesidades de un pueblo y que, por un poco de concreto, se convierte en un sexo servidor de la política. A la vez falta el respeto a sus electores y al pueblo en general al querer confundirlo haciéndole creer que es por su beneficio que se cambia de camisola política con la facilidad de quién se muda de ropa interior, cuando en verdad su megalómana personalidad y su interés muy particular de sobrevivir políticamente para enquistarse en el poder público pueden más que la dignificación de la política. Con este tipo de actitudes nada edificantes se erosiona aún más a la ya desprestigiada clase política y de todo lo político incluso, porque se cae en el error de generalizar. A estos camaleones de la política que cambian su piel según su conveniencia personal, hay que vigilarlos con lupa desde la sociedad civil organizada, pues aunque muchas veces despisten con la fineza en las formas personales, son ruines en sus fines así como en los procedimientos o medios para alcanzarlos. jordanrodas@yahoo.com Agregar comentario: |
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