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Tres comentarios

No basta con la decisión para denunciar, se necesitan testigos con coraje.

Por: Pablo Rodas Martini

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Para iniciar quisiera escribir un comentario sobre mi artículo del martes. La mayoría de lectores que me enviaron emails o que escribieron en la web mostraron complacencia por el resultado alcanzado. El nombre del israelí ofensor se había dado a conocer, con lo que se daba una sanción moral pública.

Hubo unos lectores, sin embargo, que quedaron inconformes; hubo algunos que expresaron que mi esposa debía haberlo enviado a la cárcel, o que habría que haberlo expulsarlo del país, que debíamos haberle quitado el permiso de portación de armas, y otras más.

En relación a esto solo quisiera comentar que para que la justicia opere no basta con que haya una persona dispuesta a denunciar (mi esposa en este caso), sino también se necesita una sociedad donde las personas estén dispuestas a testificar e ir hasta las últimas consecuencias. Mientras los guatemaltecos nos acobardemos con no querer testificar si es que hemos sido testigos de un hecho delictivo, no pretendamos que la justicia por sí sola va a mandar a la cárcel a quienes violen la ley. No lo olvidemos: si no hay testigos con coraje, todo se limita a un asunto donde la palabra de uno se confronta contra la del otro, y ahí termina todo.

En ese sentido, lo logrado fue bastante, hasta demasiado diría yo. Por cierto, el retiro de permisos es algo que ahora le correspondería al Ejército.

Cambiando de tema, una vez más se escuchan las letanías del diálogo nacional. De la misma manera que cada gobierno impulsa su propia reforma tributaria –y ninguna llega a nada-, también cada gobierno promueve su propio diálogo –y ninguno llega a nada. La concertación, diálogos, encuentros o como quiera llamársele –ya hasta los nombres de sinónimos se nos están agotando del diccionario-, jamás llegan a nada en Guatemala.

El gobierno no va a cambiar sus decisiones a raíz de lo que emane de un diálogo –si no los gobernantes serían los dialogantes-. El Congreso jamás va a aceptar como concluyente lo que emane de un diálogo –si no los diputados tendrían que ser los dialogantes-. En el diálogo solo creen los mismos dialogantes, pues eso les da un protagonismo temporal ante la opinión pública, pero a la gran mayoría de la población lo que ahí se discuta les viene sobrando un comino.

Ya no perdamos el tiempo en ejercicios absurdos. Si queremos ser serios con el diálogo pensemos en la reforma necesaria dentro del Organismo Ejecutivo, de manera tal que pueda ser implementado por un próximo gobierno. Una solución podría consistir de los siguientes tres puntos.

Primero, la transformación de alguna de las tantas secretarías que tiene el presidente (no hay necesidad de crear una nueva) en la secretaría del diálogo nacional.

Segundo, que esta tenga como responsabilidad ser el operador político con los diputados del Congreso, es decir, el lazo de negociación y comunicación continuo y permanente entre el Ejecutivo y el Legislativo. Tercero, que como parte de esta secretaría se conforme un Consejo Económico y Social (o como quiera llamársele), y donde de manera permanente se constituya una instancia de diálogo quincenal o semanal con el sector privado y con la sociedad civil, obviamente como una instancia propositiva, declarativa, de la cual emanen recomendaciones para el Ejecutivo o los otros organismos del Estado, pero jamás vinculante, pues si no habría que llamarlos senado o algo por el estilo.

Es decir, no estoy diciendo que el diálogo no sirva. Sencillamente afirmo que los partidos políticos son electos para gobernar y para conducir los países.

Los diálogos con el sector privado y con la sociedad civil son instrumentos para mejorar y afinar esas políticas, pero jamás para suplantarlas.

Concluyo señalando que tengo una declaración personal que para mí es importante sobre los próximos comicios electorales de 2007. Es algo acerca de lo cual he venido reflexionando detenidamente durante meses. Sobre esto escribiré en mi columna del martes.
pablo.rodas@yahoo.com
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