El momento es propicio para evaluar en dónde estamos y qué hace falta hacer.
Roberto Moreno Godoy
En septiembre de 2000, en la Cumbre del Milenio, los líderes del mundo convinieron en establecer objetivos y metas mensurables, con plazos definidos, para combatir la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la degradación del ambiente y la discriminación contra la mujer. Este acuerdo mundial reafirmó los principios de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, responsabilidad común y respeto a la naturaleza, que dieron vida a la Carta de las Naciones Unidas.
Entre los compromisos adquiridos por Guatemala y los demás países en dicha Cumbre, se encuentran dos que se vinculan directamente con el sector educación. El primero consiste en velar porque todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria. El segundo gira en torno a eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y en todos los niveles de enseñanza para 2015.
No cabe duda que estos compromisos son inmensos. Su observancia implica un pacto social y un monitoreo muy cercano, así como una fuerte inyección de recursos. Los rezagos en cobertura educativa en Guatemala comienzan en el nivel de educación inicial y se extienden a todos los demás niveles educativos. Es evidente que a pesar del esfuerzo realizado para ampliar la cobertura de primaria, aun no hemos logrado universalizar el acceso a este nivel, ni mucho menos garantizar la permanencia de todos los niños y niñas de entre 7 y 12 años de edad en el sistema escolar. Por aparte, las brechas de cobertura en los niveles de educación preprimaria y secundaria son inmensas, particularmente en este último.
El déficit de atención en todos los niveles educativos está ligado a una alta deserción y reprobación, así como a una insuficiente inversión en educación. Adicionalmente, cuando comparamos las tasas de cobertura por región geográfica del país, área urbano/rural, sexo y otros indicadores, nos damos cuenta con preocupación que el sistema educativo replica plenamente la alarmante situación de inequidad que prevalece en Guatemala.
Los partidos políticos suscribieron hace casi tres años la Agenda Nacional Compartida, habiéndose comprometido públicamente a respaldar el cumplimiento de las Metas del Milenio. El momento es propicio para evaluar en dónde estamos y qué hace falta hacer para alcanzarlas. El siguiente paso es que los líderes de los partidos políticos avalen las estrategias que se impulsarán para lograr la incorporación de nuestros niños y jóvenes al sistema escolar y asegurar su retención. Solamente un esfuerzo compartido de largo plazo garantizará la continuidad necesaria para avanzar en la dirección esperada.
rmoreno@uvg.edu.gt
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