La vida en España transcurre a un ritmo envidiable. Madrid parece, más que Barcelona, el epicentro de una industria editorial que no cesa de remecerse. Hace falta tiempo, algún criterio y no poco dinero para aventurarse en ese paraíso. La oferta es tan vasta que marea. Y el esfuerzo publicitario por vender cada obra rivaliza con el circo. Vargas Llosa se planta, sin ningún pudor, en cinco escenarios en una sola semana para promover su última novela.
No deje de leerla, por cierto, Travesuras de la niña mala es cautivadora, aunque dista mucho de la maestría de la Fiesta del Chivo.
Los teatros están llenos. Montajes de calidad mundial, con actores de primera. Danza que no desmerece y el cine español, que va mucho más allá de Almodóvar cuya más reciente película, Volver, debe usted verla en cuanto tenga oportunidad. ¿Cómo logra este cineasta una y otra vez convencer a cualquiera de la excentricidad cotidiana y que cada familia lleva a cuestas una historia que escuece?
España tiene la liga de fútbol más competitiva del mundo, un tenista que en la cancha de arcilla gobierna a todos sus rivales, un golfista de primer nivel, el campeón mundial de automovilismo. En una sola semana, la prensa española puede celebrar la victoria a nivel del globo de un connacional en tres o cuatro disciplinas.
Entre Madrid y Barcelona se tiende el puente aéreo más constante del planeta: 90 vuelos diarios. Y la economía nacional, mucho más diversa de lo que el sencillo ojo del turista pueda ver, da prosperidad para muchos y no solo para unos pocos.
Pensar que hace solo dos generaciones este era un pueblo pobre.
La gente pasea y gasta y habla mal de los políticos, aunque a la hora de las elecciones va y vota. Un profesor de Filosofía farfullaba, en un cafecito de Sevilla, que los españoles confunden la democracia con la partidocracia pero, para un centroamericano, aquello parece el edén.
Una ola de asaltos en Cataluña causa alarma en todo el país. Los titulares hablan de 25 robos violentos (a punta de pistola, pues).
El Presidente del Gobierno ha debido presentarse al Congreso para escuchar la airada crítica de la oposición y ha enviado 350 guardias civiles como refuerzo.
En conjunto, la guardia enviada desde Madrid y la Policía de Cataluña apañan el problema. ¿Resultado? Cae una banda de rumanos de inmediato y se establece un centro de inteligencia civil especializado en las otras bandas de asaltantes que presumiblemente también proceden del centro de Europa.
Los políticos, como aquí, se tiran los platos a la cara y se reclaman corrupción unos a otros (el último escándalo señala que unos concejales de Marbella cobraban más sueldo que el Presidente de gobierno) pero afrontan la justicia y todo se da dentro de lo que ellos llaman una normalidad democrática.
Respetan y no deslegitiman al Estado para favorecer a un partido, de ahí que para acometer el diálogo con la ETA se busca a toda costa un acuerdo plural, para lo cual el gobierno tiene que hacer no pocas concesiones a la oposición.
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