“El periodismo (…) se sienta en la mesa de los poderosos –o se arrodilla ante ella– y el público queda condenado a la desinformación y a la ignorancia”.
Daniel Coronell
Arturo Monterroso
Tan pronto como uno abre el diario por la mañana se pregunta cuánto de lo que ahí está escrito es verdad. Lo mismo pasa con lo que escucha en la radio o lo que ve en la televisión. No me refiero, por supuesto, a esos segmentos dedicados a la entretención ni a las noticias ligeras o intrascendentes, que cada día ocupan más espacios. Me refiero a la información de interés público que toca al poder político y, sobre todo, al económico, porque es innegable que antes de llegar a nosotros, la noticia ha pasado por el tamiz de intereses, presiones e intimidaciones, y que funcionan como mecanismos de autocensura para asegurar la supervivencia o la consecución de los objetivos de las empresas editoriales o de comunicación audiovisual. Hasta no conseguir una verdadera independencia política, financiera e ideológica, los medios de comunicación se verán sometidos a mecanismos de control, tanto de los grupos de poder económico como del gobierno. Y si a esto se añaden sus propias agendas, es válido preguntarse si lo que uno lee, escucha o ve corresponde a la realidad, a la ficción o a una verdad a medias cuya opacidad consigue confundir más que informar y orientar.
Romper con esa dependencia que obliga al proceso de selección, omisión, dilación, corte, adecuación y manipulación de las noticias no es nada fácil. Podría incluso conducir a la asfixia del medio que, en la mayoría de los casos, vive de la publicidad pautada por la empresa privada y por el gobierno. Sin embargo, en los últimos años algunos periodistas han impulsado un trabajo de investigación en América Latina, que ha empezado a romper con el miedo a las represalias y ha abierto una brecha para cumplir con la responsabilidad social que le compete al periodismo. Es cierto que se ha cavado más hondo en la política, sobre todo en lo que concierne a la corrupción de funcionarios, y que casi no se ha tocado al poder económico, pero es un esfuerzo que ha empezado a dar frutos. Prueba de ello son las investigaciones periodísticas sobre gobernantes corruptos, llevadas a cabo recientemente en América Latina, y recogidas por los periodistas Fernando Cárdenas y Jorge González en el libro, Los Watergates latinos (Ediciones B, Bogotá, 2006). Escrito casi como una novela, el libro nos cuenta los casos de Alberto Fujimori, Rafael Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, Carlos Menem, Arnoldo Alemán, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Andrés Pérez y Lucio Gutiérrez, recordándonos que el poder corrompe. Pero nos devuelve cierta confianza en el papel de la prensa como uno de los soportes de la democracia. Y nos da elementos para creer que los medios pueden y deben tomar riesgos.
El periodismo de investigación (ese periodismo que va mucho más allá de la normal investigación periodística que requiere toda noticia, y bastante más lejos del simple contraste de fuentes y comprobación de datos) es la herramienta más valiosa que tienen hoy día los medios de comunicación para mantener –o recuperar– su credibilidad. Claro que develar asuntos de interés público que permanecen ocultos implica grandes riesgos, para el periodista que conduce la investigación, en primer término, pero también para el medio que le proporciona los recursos, el tiempo y el soporte necesarios para llevar adelante su tarea. Como la compensación en términos de mayor audiencia o lectores no está garantizada, ya que no siempre tiene éxito la investigación, los medios deben decidir apoyar estos trabajos basados más bien en principios éticos y profesionales que en las probabilidades de obtener algún provecho económico. Se trata de plantearse si su labor está más vinculada a la tarea de informar con honestidad o a su consolidación como empresas lucrativas que deben ser rentables. Y de preguntarse si, como dice Carlos Sortino en La ratonera (Sala de Prensa 36), la independencia de los medios no es más que una leyenda urbana.
Guatemala, 2 de junio de 2006
amonterroso@guate.net.gt
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