El pasado lunes 29 amanecimos con la noticia de la muerte del general Romeo Lucas García, ex presidente de Guatemala, ocurrida el sábado anterior en Venezuela.
Me surgió la duda en cuanto a que si las banderas en plazas y edificios públicos habrían, en consecuencia, amanecido a media asta en señal de duelo.
Ese mismo día, el Ministerio de Educación lanzó La Estrategia en Valores y Formación Ciudadana 2004-2008, acto al que asistí atendiendo la invitación recibida. Pensé, de paso, ir al Palacio Nacional de la Cultura, me daría la oportunidad para salir de la duda con respecto a la bandera en la Plaza Mayor, pero estaba izada.
La presentación de la Estrategia estuvo interesante y es de felicitar al Ministerio por el rescate de aquellos valores fundamentales para la convivencia, que una vez se denominaron moral y urbanidad y que llegan a formar buenos ciudadanos.
Al salir del acto, pasé por la antigua Escuela Politécnica y también allí, cuna de los militares de escuela, como lo fue Lucas García, la bandera ondeaba plenamente.
Para mí, como para miles de guatemaltecos, el general Lucas representa una página muy negra de nuestra Historia reciente y no creo que el maldito merezca reconocimiento alguno. Sin embargo, gobernó Guatemala entre 1978 y 1982, por lo que estimo que el ex Presidente merecía una expresión oficial de duelo.
Al menos, sus compañeros militares debieron hacerlo, sobre todo en un edificio tan emblemático, aunque ahora cumpla otra función.
El hecho me provocó dudas: ¿estoy equivocado en cuanto a los valores? ¿Es válido que las pasiones personales prevalezcan sobre los valores cívicos, que de hecho son de valor universal?, o más elemental aún, ¿hay alguna norma dentro del protocolo que indique lo contrario y según haya sido su desempeño en el cargo, se le rinden honores póstumos o no?
¡Difícil tarea la del Ministerio de Educación en forjar a las nuevas generaciones!
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