Se llamaba Claudina Isabel Velásquez Paiz, estudiaba Derecho. Coleccionaba Snoopys y le gustaban los girasoles. Su nombre ocupa hoy un espacio junto al de 2 mil 500 mujeres que en 6 años han sido asesinadas.
Claudina Isabel caminó a pie en las oscuras calles de Ciudad San Cristóbal aquel día para llegar a su casa en Pinares. Tenía 20 años de edad cuando se enfrentó con el rostro de la muerte, el mismo que se ha llevado a la tumba a más de 2 mil 500 mujeres en menos de 6 años.
Fue una noche de agosto de 2005, tras salir de la fiesta en la que se encontraba, cuando sus asesinos se la llevaron en un vehículo.
Cuando Claudina murió, una persona escondida tras la puerta de la casa frente a donde la asesinaron, escuchó un quejido que se ahogó al momento que su cuerpo caía boca abajo por un disparo en la cabeza.
Una mujer dijo haber oído una discusión antes, y después un tiro en seco, pero no salió por miedo.
Inerte, sobre el asfalto y en un enorme charco de sangre, con sus rodillas laceradas, las muñecas amoratadas y la cara raspada, Claudina murió como otras tantas mujeres, lejos de su casa.
Pocas cosas estaban en su lugar en la escena del crimen. Claudina tenía el cincho removido, el zíper de pantalón abajo y no estaba su sostén, solo una gargantilla que traía sujeta a su cuello, un arete en el ombligo y un par de sandalias que seguían colocadas en sus pies. No llevaba documentos. De esa forma los victimarios irrumpieron en su vida.
Otras 2 mil 500 mujeres también han sido sometidas a similar barbarie.
El informe forense del Organismo Judicial (OJ), aunque escueto, detalla que a Claudina la sujetaron de las muñecas con fuerza, tenía semen en la vagina y posiblemente fue golpeada en la cara. Su padre, Jorge, evita la idea del sufrimiento e intenta convencerse que la adolescente tenía una sonrisa en sus labios después de muerta.
La realidad es que todos los cadáveres de mujeres asesinadas reflejan brutalidad y dolor.
Una cadena que se rompe fácilmente
El recuerdo más trágico que Jorge tiene después del asesinato de Claudina es cuando agentes del Ministerio Público (MP) llegaron a la capilla donde velaban su cuerpo y en medio del dolor solicitaron abrir la caja para tomarle huellas dactilares, porque esa diligencia la habían obviado en la escena del crimen.
Todo el calvario para la familia Velásquez refleja el mal manejo de evidencia por parte de los médicos forenses del MP y OJ.
Paradójicamente, el informe del OJ señala que a Claudina le practicaron la necropsia tres horas antes de su fallecimiento.
La bala que atravesó su frente no fue analizada, señala Jorge, y agrega que la ropa con la que murió le fue devuelta, por la Morgue, pero la rechazó y pidió su incineración.
De acuerdo con el mandato del MP, el Departamento de Medicina Forense ayuda en la investigación, encontrando evidencias en el cuerpo de la víctima que deben proteger y embalar.
La cadena de custodia es una de las peores debilidades para esclarecer un femicidio, indica el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM). En muchos casos, la ropa se devuelve a la familia, no se le practican exámenes de fluidos vaginales, en ocasiones no se le toman huellas dactilares y persiste la contaminación en la escena del crimen.
Cadáveres que hablan
Amnistía Internacional (AI), en su informe Ni Protección ni Justicia, Homicidios de Mujeres en Guatemala, divulgado en enero de 2006, destina un análisis a la forma en que se asesina a las mujeres.
La brutalidad es un indicador de furia contra el género, con relación al asesinato de hombres, ellas aparecen mutiladas y violadas
Un claro caso de aversión a la mujer fuera de la casa y de violencia intrafamiliar, comenta Marta Altolaguirre, ex relatora para los Derechos de la Mujer en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En el caso de Claudina, la aseveración se sustenta, ya que el MP sospecha de su ex novio, quien había intentado agredirla en ocasiones anteriores, incluso cuando el progenitor llegó a la casa de este, le indicó que mejor la buscara en la Morgue.
Rescoldos de la guerra
Amnistía Internacional (AI) analiza como posible origen de las dimensiones que ha adquirido la violencia contra las mujeres en Guatemala, los valores históricos y culturales que mantuvo la subordinación del género femenino, y que se recrudeció en el conflicto armado a lo largo de 36 años.
Basados en el informe Arquidiocesano de la Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi) y el documento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) en esa época, las mujeres fueron asesinadas y desaparecidas, aterrorizadas y privadas de su dignidad por miembros del Ejército y las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), y muchas fueron sometidas a abusos sexuales y torturas, y a la destrucción de sus comunidades y desplazamientos. Eso, hoy en día ha influido en el grado de violencia que se ejerce sobre las mujeres, porque los responsables de las violaciones a sus derechos humanos gozan de impunidad todavía.
Si bien en 1980, aquellas mujeres víctimas eran miembros de grupos indígenas mayas, analiza el informe de AI, hoy son las mujeres ladinas, en las áreas urbanas, las que mueren. Pero tanto ayer como ahora, la brutalidad de los homicidios y los signos de violencia sexual que presentan los cuerpos y las mutilaciones de algunos parecieran ser los mismos, porque guardan similitudes con las atrocidades cometidas en la guerra, y que quedaron impunes.
El hecho de que el Estado no haya llevado a la justicia a los responsables de los abusos cometidos durante la guerra, señala AI, y tampoco haya ofrecido una reparación a las víctimas y sus familias, ha dejado un terrible legado para la mujer, el de la continuidad de la impunidad y el menoscabo de la confianza pública en el sistema de justicia.
Asesinatos frente a la Relatora
Yakin Erturk, relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Violencia contra la Mujer, resumió: El cuadro de asesinatos de mujeres en Guatemala muestra similitud con los casos reportados de El Salvador, Honduras y México, la tasa de asesinatos de mujeres en Guatemala es más elevada, mientras que 370 féminas fueron asesinadas en Chihuahua (México) en 10 años (de 1993 a 2003), aquí fueron asesinadas solo en 2004 un total de 510 féminas.
El informe de AI no se ahorra críticas contra el gobierno y denuncia errores y negligencias del Sistema Judicial guatemalteco en la investigación de los crímenes. Las denuncias están contenidas en el informe Ni protección ni justicia: Homicidios de mujeres en Guatemala. Cinco años de asesinatos y desapariciones.
Pero no deja de reconocer que las autoridades han tomado algunas medidas positivas para prevenir la violencia contra las mujeres, entre ellas la ratificación de tratados internacionales de Derechos Humanos, la promulgación de leyes y la creación de instituciones públicas para promover y proteger los derechos de las mujeres.
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