Ya es tiempo de devolver la dignidad a las víctimas.
Miguel Ángel Albizures
Después de la noticia que Lucas García se había ido sin que el peso de la justicia le cayera encima, se propagó el rumor de la captura de Donaldo Álvarez Ruiz, personaje siniestro de ese gobierno, lo que provocó diversas reacciones en las organizaciones de derechos humanos y especialmente en quienes esperamos, más temprano que tarde, que el sistema de justicia funcione nacional o internacionalmente y que la captura, juicio y condena deje de ser un rumor y se convierta en una realidad que devuelva la esperanza de justicia a las víctimas.
No es posible que transcurridos más de 25 años que se presentaron denuncias concretas contra quienes cometieron los crímenes más fríos y espantosos de la historia reciente de nuestro país, aún no sean llevados al banquillo de los acusados para sentar precedentes, pero fundamentalmente para resarcir a las víctimas e iniciar un proceso serio de reconciliación enfrentando la verdad de los hechos y deduciendo responsabilidades.
El sistema de justicia guatemalteco tiene en sus manos largos expedientes de criminales, dolorosos testimonios de víctimas y familiares de las víctimas, de testigos civiles y militares que se atrevieron a hablar sin que haya movido un dedo para la aplicación de la justicia, por el contrario, se ha permitido que los criminales se sigan burlando del pueblo, que las organizaciones y víctimas se vean obligadas a acudir al Sistema Interamericano o hacer uso de la jurisdicción universal en espera que otros, como la Audiencia Española, hagan lo que aquí, fiscales y jueces han sido incapaces de hacer.
Ahí está con toda su prepotencia el general Efraín Ríos Montt, que esperamos verlo en la cárcel, pero también están las figuras siniestras de Germán Chupina Barahona y Pedro García Arredondo, que se nos cruzan en la mente una y otra vez cuando volvemos los ojos a las décadas de terror, sin que podamos olvidar a los judiciales, a los guardias de Hacienda, a los de la Policía Militar Ambulante o de antinarcóticos que virtualmente cazaban seres humanos.
Tiempo es ya de devolver la dignidad a las víctimas y al pueblo opacando la risa macabra de sus verdugos. Nosotros no perdemos la esperanza de justicia, aunque como siempre hay quienes les defienden contra viento y marea, y son precisamente aquellos que justifican el genocidio nazi y las guerras de exterminio.
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