laColumna: Follarismos
Guatemala es más que un rompecabezas. Porque tratar de comprender a este país le estropea a uno no sólo la cabeza, sino los circuitos de la cordura y la paciencia. Y es que aquí cada individuo, cada grupo, cada sector, cada trozo de realidad, es una pieza inconclusa de un “puzzle” cuyo aspecto final desconocemos y cuyos contornos se desdibujan conforme intentamos resolverlo.
Inútil pretensión, si no sabemos qué buscamos ni a dónde vamos. Las piezas del acertijo no casan las unas con las otras, ni siquiera geográficamente: los caminos son intransitables, apenas hay puentes, los saberes no están unificados en políticas coherentes, no hay pasarelas entre ellos, ni reglas unívocas, y la cultura es una palabra superflua. En este rompecabezas, transitar del yo hacia el nosotros se hace tan cuesta arriba que jamás llegaremos más que a un despeñadero. El problema es que estamos disociados de todo y de todos. Supuestamente, el todo es más que la suma de sus partes, pero acá domina la idea de que es al revés, que las partes son más importantes que el todo. De manera que lo que rige no es la conexión, sino la división; no la solidaridad, sino los intereses particulares; no la concordia, sino el conflicto. Y nos desgastamos en luchas fratricidas y absurdas dicotomías. En el mundo hay pueblos que lo han tenido peor y, sin embargo, sus caminos no se desvanecen y sus puentes no se derrumban. Mi hipótesis es que allí sí han sabido preservar los recursos de la imaginación, del interés colectivo y de la constancia. Y sin un esfuerzo común de inteligencia y de audacia, está claro que nos volveremos cada vez más estúpidos, hasta acabar rompiéndonos mutuamente el alma en este disparatado amasijo de contradicciones. Agregar comentario: |
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