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Opinión:

Sipakapa no se vende

El Estado no tiene capacidad para verificar los daños de las mineras.

Por: Anamaría Cofiño K.

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Hace un año, 13 aldeas del municipio de Sipakapa realizaron una consulta de vecinos para opinar sobre el proyecto de explotación minera que la empresa Montana estaba instalando en sus territorios. La respuesta mayoritaria fue un no rotundo, un rechazo generalizado que se hizo patente en los listados de papel y en las asambleas donde la gente votó. A raíz de ese acto, este pequeño pueblo se ha vuelto emblemático por su valor y empeño, lo cual le ha generado amplia solidaridad.

La consulta es una forma absolutamente pacífica y legal que convoca a la ciudadanía para hacer valer sus derechos. Aunque sectores interesados la subestimen, sus efectos se han multiplicado: comunidades del país, la región y de otros continentes apoyan activamente este ejercicio democrático utilizado por quienes se oponen a las políticas neoliberales.

La empresa Montana ha empleado varias estrategias para restarle validez a ese proceso. El chantaje y el manejo de la información han sido algunos de los medios de que se ha valido para lograr sus objetivos. En contra de la voluntad popular y pasando sobre tratados internacionalmente aprobados, la compañía inició operaciones a finales del año pasado.

Los sipakapenses se oponen a que la empresa opere en su territorio debido al deterioro ambiental que causa, al utilizar químicos que contaminan el entorno y las fuentes de agua, con consecuencias nefastas para la salud.

La Corte de Constitucionalidad sigue sin firmar un acuerdo que sustenta la legalidad de dicho proceso. El presidente Berger y los ministros involucrados dan muestras de sus inclinaciones, al ignorar las peticiones de los sectores que reclaman detener el otorgamiento de licencias y la explotación de minerales metálicos
El Estado guatemalteco no tiene la capacidad para controlar los perjuicios que las empresas ocasionan. Si examinamos cómo se llevan a cabo los estudios de evaluación de impacto ambiental, notamos un enorme descuido en la realización de los mismos, lo cual demuestra la actitud entreguista que prevalece entre las autoridades responsables. La Ley de Minería, elaborada con asesoría de los propios mineros, se inclina a su favor y les otorga privilegios que constituyen un insulto a la dignidad nacional. Lo más evidente es el margen del 1 por ciento que le dejan al país, producto de las regalías declaradas. Amparada por la impunidad que campea, la empresa goza de exenciones que le allanan el camino para su desmedido enriquecimiento. Gracias a todas esas prebendas, hace unos meses la Glamis Gold declaraba gozosa que, debido a las cantidades de oro y plata extraídas en el proyecto Marlin, sus ganancias en el primer trimestre de este año habían incrementado enormemente, excediendo los US$16 millones. No es casual que escojan países donde los salarios son bajísimos, el Estado es débil y la población inerme.

Las promesas de mejoras no se ven por ninguna parte. Lo que sí se mira son los letreros que Montana y Sierra Madre, su programa social, han instalado en las viejas escuelas y centros de salud que estaban allí desde antes de su llegada.

El domingo pasado, en Sipakapa se llevó a cabo una serie de actividades culturales y políticas. Había un ambiente festivo, porque se celebraba una victoria en la lucha de resistencia y porque los ánimos no han decaído. De nuevo, la gente reunida en el salón municipal, dijo no a la minería. Entre actos infantiles, juegos de fut, discursos y saludos, foros y bailes, la conmemoración marcó otra etapa en este recorrido por defender nuestra soberanía.

Como conclusión se firmó un acta en la que se acuerdan varios puntos: Delimitar el territorio de Sipakapa y detener las exploraciones en toda su extensión; exigir la salida definitiva de las oficinas de Montana Exploradora S. A. de la cabecera municipal; pedir el desalojo de la empresa del territorio de Sipakapa.
Más claro no canta un gallo. Si Montana Exploradora y las autoridades gubernamentales se niegan a escuchar la voz del pueblo es porque les importa poco lo que pueda suceder. El desarrollo que proponen es como los espejitos y chácharas que antes ofrecieron otros invasores. En esta ocasión, la gente ya no se deja engañar.
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1 comentarios:

  1. Nohemy Cinto:        (2008-06-10 16:28:56 horas )
    esty total mente de acuerdo con todo esto q organizen una demenda encontra de todo etso les doy mi opinion desde Estados Unidos....