Opinión:
Una nota internacional publicada por Prensa Libre el pasado miércoles, que lleva como título: “Cepal: monopolios persisten en Istmo”, da cuenta de los resultados intelectuales de un proyecto internacional que viene llegando a feliz término y que analizó la situación y el panorama de los mercados en los pequeños países de Centroamérica y el Caribe. El proyecto fue coordinado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), con sede en México, y tuvo el apoyo de varias entidades internacionales. En el mismo participaron con su experiencia los expertos de múltiples comisiones de competencia de América Latina, incluyendo representantes de la fuerte y ejemplar institucionalidad chilena, país este último que cuenta incluso con una Fiscalía de la Competencia.
El próximo lunes se expondrán en un hotel capitalino los resultados de tal proyecto, con especial dedicación a la situación guatemalteca, país que, a pesar de ser el más grande y populoso de los estudiados –con la excepción de México- es uno de los más débiles en el campo de la competición de mercados. La nota de Prensa Libre resalta uno de los estudios más globales, que menciona casos paradigmáticos como el del azúcar y el cemento, que contribuyen a concluir con una reflexión que rebasa los a menudo estrechos marcos del análisis de los mercados: “en la región existe una concentración del poder económico y político en unas pocas familias, lo cual dificulta la independencia de las autoridades que se ocupan de estos asuntos”. Es innegable que países pequeños como Guatemala necesitan de empresas fuertes y con bastante presencia nacional para traspasar las fronteras y hacerle frente, de igual a igual, a empresas mexicanas, colombianas, brasileñas y desde luego estadounidenses, que inundan nuestras fronteras con artículos diversos, que van desde el calzado hasta los dentífricos. Pero también es innegable que todo ello debe efectuarse con reglas del juego bien definidas, que eviten a toda costa el clásico abuso de las fuerzas monopólicas que consiste en dos sencillos comportamientos: controlar la producción justo en los niveles que encuentren superbeneficios, y por lo tanto inflar los precios: ¿quién sabe cuánto? –porque nadie lo ha medido– la inflación guatemalteca actual sea causada por estos comportamientos. El tema de la creación de autoridades de competencia también es sumamente complejo, en virtud de que se trata de órganos burocráticos que, de no existir un sistema bien afinado de gobierno en su interior, coluden con los grandes intereses monopólicos, o conforman toda una maraña de intereses propios que hacen totalmente improductivas a las instituciones, creadas con buenas intenciones. En nuestro medio, las pugnas constantes de intereses particulares creados alrededor de los diversos colegios profesionales, muestran la desnaturalización que tienen diversas instituciones en el medio, ante la avariciosa búsqueda de poder por pequeñas roscas de gran mediocridad. Recientemente en algunos países centroamericanos han comenzado a operar autoridades de competencia, pero la complejidad política de estos procesos no ha sido ajena a la búsqueda de chances de altos vuelos, dejando en un segundo plano la pesada responsabilidad que tienen ante sí. El tema, por consiguiente es complejo, pero no puede ser soslayado por ningún Estado que tenga un mínimo de preocupación moral ante sus súbditos. Agregar comentario: |
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