La diplomacia de Guatemala ha tenido mejores días. Nos honra el prócer independentista Antonio José de Irisarri, y recordamos con admiración a cancilleres que brillaron internacionalmente...
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La diplomacia de Guatemala ha tenido mejores días. Nos honra el prócer independentista Antonio José de Irisarri, y recordamos con admiración a cancilleres que brillaron internacionalmente, como Enrique Muñoz Meany, Jorge García Granados, Carlos García Bauer y Emilio Arenales Catalán, entre otros.
Empero, en los últimos años nuestra Cancillería ha jugado un papel tan discreto (para decirlo diplomáticamente), que ha pasado desapercibido, sin trascendencia. Casi inexistente. Está a la vista de todos que su actuación, tímida y errática, no le hizo ningún favor a la sentida y legítima causa nacional por la recuperación del territorio de Belice.
Como la avestruz del cuento, tradicionalmente el gobierno de Guatemala restó importancia a la activa ofensiva diplomática que Belice efectuó en diversos foros internacionales, en detrimento de nuestro país, hasta despertar con la sorpresa de la declaración de independencia para nuestro antiguo territorio, por parte de la Gran Bretaña. Y su reconocimiento como un nuevo estado soberano, que le diera la comunidad internacional, representada en la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Pues hoy, la Cancillería guatemalteca se declara nuevamente “sorprendida”, al divulgar a los cuatro vientos la mayor agencia noticiosa internacional Associated Press (AP), estadounidense, que la habilidosa Cancillería beliceña ha emprendido una activa campaña destinada a convencer a los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) para que voten por Venezuela y rechacen a Guatemala, en la próxima elección de un miembro latinoamericano del importantísimo Consejo de Seguridad de la ONU, en la cual figuramos gracias a gestiones atribuidas al ex embajador y veterano experto internacional Gert Rosenthal. O sea que la diplomacia de Belice nos mete un gol, en pleno Mundial de fútbol.
Ingenuamente, nuestra Cancillería aduce que el ministro de Relaciones Exteriores de Belice, Assad Shoman, “se comprometió con nuestro país a no gestionar en contra de Guatemala, ni a promover la candidatura de Venezuela, entre los miembros de la Caricom”. Pues no sería la primera vez en que el gobierno de Belmopán nos juega con patadas, empujones y codazos. Shoman suele presentar a Belice como el pequeño David enfrentado a un Goliat agresivo, cuando la realidad es que Guatemala fue despojada de su territorio beliceño con el único argumento de los cañones de la Gran Bretaña.
La Cancillería guatemalteca haría bien en abandonar su acostumbrado papel pasivo y poco creativo ante el juego sucio de Belice, que merece tarjeta roja.
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