Jamás había visto tanta propaganda mentirosa y cínica junta, con disfraz de historia oficial.
Jose Rubén Zamora
La extensa e interminable apología al régimen oprobioso de Lucas García me ha dejado perplejo e indignado. Pero, además, me ha retrotraído hacia esos aciagos días y he podido revivir, una vez más, esa cadena de hechos irrefutables que nos forzó a sufrir ese general demente, ese gorila con ideología de las cavernas, carnicero y ladrón que asaltó el poder de manera ilegítima, a través de un fraude, de una farsa electoral.
Jamás había visto tanta propaganda mentirosa y cínica junta, con disfraz de historia oficial, en busca de tapar el sol con un dedo y vernos la cara de babosos. Vaya que el papel aguanta con todo.
El argumento fundamental que han esgrimido para exonerar a Lucas García y a su gavilla de delincuentes y asesinos, es que libraron a Guatemala del comunismo. Nada más lejos de la verdad: más bien, el régimen de este gendarme turbio y sin gloria casi logra entregar Guatemala al comunismo. Gracias a sus excesos consiguió aislar a Guatemala, convertirla en un país paria de la comunidad internacional, cerrar su acceso a financiamiento bilateral y multilateral, clausurar las puertas de la ayuda militar de Estados Unidos, colapsar sus exportaciones e importaciones, en fin, transformarla con sus desmanes de todo tipo en un teatro de terror.
Llevó al país a una polarización radical, donde no había espacio para matices, situación que se tradujo inevitablemente en una guerra feroz y en la determinación de exterminio de las dos partes en conflicto, que culminó en episodios bestiales.
La corrupción que tuvo lugar en los tiempos de Lucas alcanzó fronteras sin precedentes conocidos. Para ejemplo ilustrativo bastan tres pequeños botones: solo en la construcción de Chixoy robaron US$1,000 millones; de la construcción del hospital San Juan de Dios surgieron el Construbanco y la empresa Desarrollo de Autopistas de Guatemala (DAG), que entre su ambicioso portafolio de proyectos incluía el Periférico Nacional, sin construir un centímetro de carreteras se metió entre la bolsa, sin inmutarse, US$300 millones.
La carnicería feroz, la represión sin límites, la descomposición social eran el pan de todos los días. Las gentes del gobierno eran capaces de cualquier cosa: despojar sin arrugarse de sus bienes y haciendas a terceros, como lo hacían los garrotes Marroquín, por medio de trinquetes en el Registro de la Propiedad Inmueble, o implantando precios tope abajo de costos, como lo hicieron los chafas de Lucas con Cementos Progreso para quebrar la empresa y quedarse gratuitamente con sus despojos; hasta otorgar el aval del Banco de Guatemala para garantizar las deudas personales y empresariales de Raúl García Granados con bancos del extranjero.
Por estas y otras razones, la misma derecha fascista y el propio Ejército le dieron golpe de Estado a este gorila siniestro y a su pandilla. Harina de otro costal es que el general Chusema, sin haber participado en el golpe, les haya comido el mandado.
Algunos de quienes hoy lo defienden, incluso marcharon por la 6a. avenida de la zona 1 hacia el Palacio Nacional, tragando gas lacrimógeno, para exigir la salida de Lucas y sus secuaces, pues su régimen era invivible, insostenible e impresentable. Sin embargo, ahora, inexplicablemente, salen en su defensa oficiosa. Como dicen, en política, se ven muertos acarrear basura.
Durante la gestión luquista, tuvo su génesis la simbiosis entre el crimen organizado, el Ejército y el Estado, resultando el famoso poder paralelo que durante más de dos décadas nos ha gobernado. Unas veces tras bambalinas –tiempos de Serrano y Arzú– y otras directamente, como fue el caso del gobierno de Portillo, donde personajes siniestros (Salam, Rojas y Ortega, entre otros sinvergüenzas de colección) venidos de tiempos del mismísimo Romeo Lucas García, manejaron los hilos de poder a su sabor y antojo.
Junto a la corrupción galopante, a la carnicería y la represión sin fronteras, la fusión entre el Estado criminal, el Ejército y las mafias representa el flamante legado del general carnicero. La intolerable violencia delincuencial que hoy cosechamos frondosa fue sembrada en los tiempos macabros de Lucas.
No debemos dejarnos manipular ni permitir que nos vean la cara de babosos. Menos aún, debemos aceptar que nos vuelvan a polarizar y radicalizar. El respeto a la ley y a los derechos humanos, el superávit fiscal, la estabilidad macroeconómica, el ataque frontal a la marginación, la discriminación y la miseria, las convicciones democráticas y a la competencia económica, no son causas de izquierdas ni de derechas; son causas de seres humanos dignos, decentes y civilizados.
Tampoco debemos olvidar algo que sabemos porque ha sido una constante en la historia: se puede hacer de todo con la bayonetas, menos sentarse en ellas.
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