Las Estrellas de la Línea -aquella película sobre la prostitución en Guatemala que tanto revuelo causó en los medios durante su filmación– se estrena por fin en la ciudad el próximo viernes.
Qué decir que no se haya dicho ya sobre esta realización, cuyo tema ha perturbado en mayor o menor grado a las buenas conciencias nacionales. Pues, pienso que habría que agregar que más allá de la controversia y el escándalo, Las Estrellas de la Línea es un película. Un estupendo documental que cuenta la historia de un grupo de muchachas que, hartas de un trabajo de mierda, deciden darle color a su vida armando el peor equipo de fútbol del que el cine ha dado noticia. Chema Rodríguez, el realizador, nos cuenta una historia divertida, tierna, conmovedora, rehuyendo la escabrosidad y el morbo que suelen envolver este tema.
Posiblemente el acierto más grande de la cinta es haber rescatado a estas muchachas de las páginas de crímenes y de nota roja a las que por su oficio se ven condenadas, y devolverlas –a través de un trabajo cinematográfico extremadamente sincero- a su condición de seres humanos que, como cualquiera de entre nosotros, se enfrentan a la dura cotidianidad de un país tercermundista.
Ahí están las siete relatándonos, sin hipocresía ni retorcimiento (algo que se agradece en un país como el nuestro), sus penas, sus alegrías, sus miserias, con una dignidad que haría palidecer de envidia a cualquier político de estos que vemos diariamente por la tele, con una fe en el trabajo y en el futuro que creíamos del todo perdida en Guatemala. No es ingenuidad ni simple tontería, sino una extraña apuesta por la vida. Viniendo de unas muchachas que han visto de cerca el horror y la miseria, no deja de ser alentador y refrescante.
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