El resultado de las elecciones presidenciales celebradas en México el pasado domingo 2 de julio, favoreció por estrecho margen (0.5 por ciento) al candidato oficial Felipe Calderón Hinojosa sobre el opositor Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
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El resultado de las elecciones presidenciales celebradas en México el pasado domingo 2 de julio, favoreció por estrecho margen (0.5 por ciento) al candidato oficial Felipe Calderón Hinojosa sobre el opositor Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Sin embargo, AMLO se resiste a aceptar la derrota, por lo que ha exigido un nuevo recuento físico de los votos, bajo el argumento de que los sufragios depositados por los electores no coinciden con lo que se registró en muchas de las actas que se levantaron el día de los comicios. Asimismo, AMLO ha denunciado ante el Tribunal Federal Electoral presuntas irregularidades y anomalías, las cuales se encuentran en proceso de investigación. En todo caso, pareciera que el porcentaje de votos nulos (2.5 por ciento) sería motivo suficiente para quienes exigen un recuento de votos, aunque AMLO va más allá. Ha denunciado manipulación y fraude.
Tanto Calderón Hinojosa como AMLO se han autoproclamado ganadores. AMLO, por su parte, ha convocado a marchas y concentraciones. El domingo pasado, exhortó a los correligionarios a instalar campamentos, a fin de guardar vigilia hasta que el Tribunal Federal Electoral resuelva sus peticiones. A su vez, Calderón Hinojosa ha pedido que se respete y que se aplique la ley. La competencia se dio bajo reglas del juego ciertas y estas son las que deben regir el proceso electoral, desde su inicio hasta su terminación. Él se opone a la petición de recuento de los votos, ya que asume que el conteo original fue correcto y enmarcado en ley.
Este caso nos recuerda la controversia surgida en la elección presidencial estadounidense celebrada en 2000. Si bien Albert Gore, a la sazón vicepresidente de EE.UU., obtuvo una mayoría de votos populares, perdió el estado de La Florida por unos cientos de votos, lo que le impidió contar con los delegados necesarios para convertirse en Presidente de EE.UU. Se exigió un recuento de votos en La Florida, debido a que se estableció que las máquinas en las que se marcaron los votos en las casillas no eran confiables. Finalmente, la Suprema Corte resolvió que el recuento no era procedente, ya que los contendientes, desde un inicio, habían aceptado el procesamiento de votos de esa forma en todo el país.
El caso de México es diferente, porque el conteo de votos fue manual y podría pensarse que hubo “errores humanos”. De por sí, los votos nulos dan lugar a la especulación y a la duda razonable. Luego, un recuento de votos no suena descabellado, aunque, por supuesto, habría que ver si la ley lo permite. En todo caso, si el recuento evita la eventual anulación de las elecciones podría ser una buena opción.
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