Hay quienes odian a los judíos porque creen que asesinaron a Jesucristo.
Jorge Palmieri
En los muchos años que he vivido, una de las pocas cosas que he aprendido es que la ignorancia es atrevida y mala consejera. Peor cuando el ignorante es un fanático de lo que no sabe. Y más aún en casos de fanáticos religiosos que se vuelven fundamentalistas intolerantes. Hace pocos días tuve la oportunidad (o la mala suerte) de oír una serie de sandeces que dijo uno de esos fanáticos católicos que se dicen cristianos pero no aplican la recomendación que dejó Jesucristo de amar al prójimo como a nosotros mismos. Una de las pendejadas que dijo fue que los judíos tienen que pagar la maldición bíblica de vagar por todo el mundo sin tener una patria por haber matado a Jesucristo, que era palestino porque nació en Belem, ocupada por los palestinos y que es por eso que los palestinos no perdonan a los judíos.
En vano traté de hacerle entender que Jesús era judío. El pendejo tampoco me creyó la historia bíblica que todo comenzó porque Abraham, que no es porque yo sea chismoso pero sospecho que fue un viejo caliente como yo, se planchó a su joven esclava Agar y -¡vámonos!- la embarazó. Pero para no tener una bronca con Sara, su vieja esposa, le dijo que lo hizo porque Dios le había dicho que estaba predestinado a tener muchos descendientes. Y como Sara ya estaba vieja y nunca había podido quedar preñada, cayó de tonta y le creyó la historia. En la época bíblica, quienes se decían profetas o algo por el estilo se permitían hablar en nombre de Dios, y muchos tontos les creían. Hoy todavía hay unos cuántos que tratan de babosear a la gente diciéndoles que se comunican con Dios por una especie de teléfono celular intergaláctico, y son muchos los que caen de babosos. Pero que los hay, los hay. Si no me creen vean la fortuna que hacen ciertos predicadores carismáticos como el tal Cash Luna y otros que se anuncian por televisión y dicen que no es necesario ir a las farmacias de la Menchú porque ellos curan todo con agua bendita y unos trapos que dicen que son sagrados que reparten en el edificio que fue el Cine Reforma, que construyó mi amigo Ramiro Samayoa, pero hoy es un negocio más lucrativo. Sigamos con la historia bíblica. Así fue como nació Ismael. Pero de tanto darle vuelo a la hilacha, un día Abraham logró preñar a Sara, a pesar de los años que tenía, y nació Isaac. Y como ocurre hasta en las mejores familias, la vieja esposa no se llevaba bien con la joven y bella esclava, ni tampoco se podían ver ni en pintura y se mentaban a sus progenitoras los dos hijos de Abraham, Ismael e Isaac.
Deseando terminar el pleito, Abraham desterró a su esclava-amante Agar con su hijo Ismael al desierto, donde fundaron la descendencia de los ismaelitas que han sido conocidos como palestinos y musulmanes, quienes durante mucho tiempo fueron nómadas, mientras que Sara permaneció con Abraham y su hijo Isaac, quien fue el fundador de Israel. Y desde esos tiempos inmemoriales los descendientes de ambos han venido peleando a muerte.
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