La nueva Constitución Política fue promulgada el 31 de mayo de 1985.
Fernando Andrade Díaz-Durán
En la proclama del alto mando y de los comandantes del Ejército se reiteró el compromiso de la institución armada de convocar, en el menor tiempo posible, a elecciones libres y transparentes. El general Óscar Humberto Mejía Víctores asumió la Jefatura de Estado con el respaldo del Ejército. Las primeras medidas del gobierno consistieron en restablecer y garantizar la libre emisión del pensamiento y derogar la ley que creó los tribunales de fuero especial. Se confirmó en su cargos a los recién nombrados magistrados del Tribunal Supremo Electoral, se les otorgó iniciativa de ley en materia electoral y se le dio el respaldo político y económico para organizar el proceso de retorno a la institucionalidad democrática. Se invitó a los partidos políticos, a los rectores de las universidades y a personalidades representativas de la sociedad guatemalteca a dialogar y se les hizo saber el compromiso del gobierno de impulsar la apertura democrática. El gobierno públicamente se comprometió a no favorecer a ningún candidato o partido político.
A lo interno, el Ejército de Guatemala continuó el proceso de restablecer su unidad, respetando los principios de antigüedad, jerarquía y subordinación. Prácticamente, el enfrentamiento armado interno había llegado a su fin. Los pocos focos guerrilleros que aún subsistían no representaban ya ninguna amenaza para subvertir el orden institucional. A finales de 1983, la Jefatura de Estado, en coordinación con el Tribunal Supremo Electoral, formalmente convocó a las elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente a celebrarse el 1 de julio de 1984. El proceso electoral fue transparente y participó el 70 por ciento de los ciudadanos inscritos.
La Asamblea Nacional Constituyente inició sus deliberaciones sin injerencia alguna del poder ejecutivo. En un ambiente de absoluta libertad, los diputados debatieron los temas constitucionales y escucharon a los distintos sectores representativos de la sociedad civil.
Con el inicio de la apertura política en Guatemala, la Cancillería articuló una política exterior independiente y con perfil propio con el propósito de devolverle a Guatemala el lugar que le correspondía en el ámbito internacional. Se diseñó una política dinámica, creativa, comprometida con la paz en Centroamérica y desde un principio se definió la política de neutralidad que se identificó plenamente con el Grupo de Contadora, que fue un mediador eficaz para evitar la confrontación militar generalizada en Centroamérica. Guatemala tuvo una actitud propositiva y todo el tiempo tuvo una política decidida de apoyo a la negociación política y diplomática, evitando comprometerse en maniobras militares y en acciones de otra naturaleza que pudieran provocar un conflicto militar con Nicaragua. Con el gobierno de Estados Unidos, se mantuvieron relaciones respetuosas y cordiales. Pero Guatemala no permitió ser instrumento de aquellos sectores que pensaban que la solución a los problemas en Nicaragua pasaba por la vía de las armas. La política de apertura a nivel interno y la política externa, comprometida con la paz en la región, constituyó el eje que permitió romper el aislamiento de Guatemala y lograr el reconocimiento de la Comunidad Internacional. Se restablecieron las relaciones diplomáticas con España, resguardando la dignidad de Guatemala y se puntualizaron en ese proceso de negociación diplomática las circunstancias que se dieron antes y durante el incendio de la Embajada de ese país. La mediación del presidente Belisario Betancur de Colombia fue clave para alcanzar un acuerdo satisfactorio a las partes. La Asamblea General de las Naciones Unidas eligió a Guatemala, en reconocimiento de su política exterior, para ejercer la Vicepresidencia en su período ordinario de sesiones en 1984. Con íntima satisfacción, en mi calidad de Canciller, me correspondió presidir varias sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La nueva Constitución Política fue promulgada el 31 de mayo de 1985 y entró en vigor el 14 de enero de 1986. Las elecciones generales se celebraron en noviembre de 1985 y constituyeron un rotundo éxito. La ciudadanía le dio el triunfo a la Democracia Cristiana en la primera vuelta electoral y que en la segunda vuelta hizo Presidente de Guatemala al licenciado Vinicio Cerezo Arévalo. El poder se entregó al nuevo gobierno sin condiciones de ninguna naturaleza. El gobierno provisional y transitorio cumplió con la misión de devolver a Guatemala la institucionalidad democrática.
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