Según informaciones del Banco de Guatemala, en virtud del próximo ajuste que se efectuará al tamaño de la economía guatemalteca, con el propósito de que sus indicadores sean más apegados a la realidad, el Producto Interno Bruto (PIB) será, por lo menos, un 14 por ciento menor a las cifras oficiales actuales. Es decir que el PIB anual, a partir de 2001, deberá ser ajustado hacia abajo en un 14 por ciento.
elEditorial
Según informaciones del Banco de Guatemala, en virtud del próximo ajuste que se efectuará al tamaño de la economía guatemalteca, con el propósito de que sus indicadores sean más apegados a la realidad, el Producto Interno Bruto (PIB) será, por lo menos, un 14 por ciento menor a las cifras oficiales actuales. Es decir que el PIB anual, a partir de 2001, deberá ser ajustado hacia abajo en un 14 por ciento.
Dado que el PIB es el indicador que sirve de base para establecer los niveles de deuda pública (externa e interna), de carga tributaria (recaudación tributaria) y de déficit fiscal (ingresos menos egresos públicos), entre otros, automáticamente debemos ajustar hacia arriba las respectivas relaciones (deuda pública/PIB, carga tributaria/PIB, déficit fiscal/PIB).
El nivel de deuda pública, a juicio de las mismas autoridades del Banco de Guatemala, ya no será manejable como se había previsto, sino que habrá llegado a un área crítica.
La carga tributaria se elevará hasta aproximadamente un 12 por ciento del PIB, casualmente la meta de carga tributaria prevista en los Acuerdos de Paz, aunque, por supuesto, sin alcanzar la meta de tasa de crecimiento del PIB contemplada en dichos acuerdos (6 por ciento).
El déficit fiscal previsto para el presente año (2.5 por ciento del PIB) se situará en aproximadamente un 3 por ciento del PIB, lo que lo coloca en niveles preocupantes.
De esa cuenta, en vez de que el gobierno y el Congreso irresponsablemente continúen endeudando al país, para fines de seguir gastando más y más, las autoridades deberían presentar opciones viables para reducir el nivel de deuda pública, tanto externa como interna.
Asimismo, ya es tiempo de que se modere la exigencia de aumentar la carga tributaria y que se ponga un alto al cambio continuo de las reglas del juego en materia tributaria, que se traduce en una permanente inestabilidad e incertidumbre para los agentes económicos.
Otra cosa que es vital es el control, la disciplina y el equilibrio presupuestario. El gobierno no debe gastar más de lo que recauda en concepto de ingresos fiscales. Lo anterior sin perjuicio de que ya no es posible que continúe el despilfarro y la corrupción escandalosa en el sector público. Para esto es esencial la transparencia, la racionalización, la calidad y la priorización del gasto público.
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