Con mucha sorpresa leí el título de la columna de Lucía Escobar, pero esta es mayor al verlas publicadas en un diario de prestigio. Aprendí desde pequeña que las palabras groseras no solo no deben usarse, sino mucho menos escribirse. Las mujeres creen que al ponerse a la altura de los hombres en el campo de las groserías serán más respetadas, cuando el efecto es totalmente distinto. Estas mujeres merecen respeto, tal y como ella lo expresa, debemos entender que muchas no conocen otra manera de ganarse la vida, tal vez deberíamos de pensar en cómo ayudarlas a salir de donde están. En lugar de utilizar ese lenguaje podría empezar por inculcar a nuestras nuevas generaciones el buen uso de las palabras, para que no pensemos que al escribirlas se vuelven menos ofensivas.
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