Hacerle la visita más cómoda y atractiva al turista.
Ana Carolina Alpírez A.
Visité los sitios arqueológicos Aguateca y Ceibal y me devolvieron la confianza en Petén, pero también me mostraron las carencias que tenemos para ofrecer nuestro país como un destino turístico. Rodeados por selva, porque si uno se queda cerca de la carretera solo ve terrenos deforestados, e historia pero sin servicios básicos.
Estuve en esos lugares, disfruté caminar entre la vegetación del bosque tropical húmedo, detenerme a ver la variedad de hongos, observar a las hormigas caminar con los pedazos de hojas a cuesta y descubrir dos sitios que están en buen estado. Pero no encontré quién me descifrara las estelas ni me explicara su historia ni la de sus monumentos.
Mi guía fue el lanchero, un hombre de cuarenta y tantos años, originario de San Marcos que se dedica a ese oficio desde hace más de una década. Lo que sabía lo había aprendido a fuerza de acompañar a los arqueólogos y escuchar sus explicaciones, pero no tenía estudios sobre ello. Llamaba mi atención para que apreciara la máscara de mono, me decía que me fijara en el relieve, pero nada más.En Aguateca se aprecia la muralla, se recorre la grieta y se leen los rótulos. Punto. No había guías ni fotocopia de folletos, como encontré en Quiriguá el año pasado. El personal cuida el lugar, corta la grama y procura que el espacio se vea limpio. Pero el servicio sanitario no funciona. Parecen pozos ciegos a los que se le ha colocado un inodoro viejo y sucio.
Una situación similar ocurre en Ceibal, disfruté del espectáculo natural, vi la maqueta que me dio una idea de lo que era este asentamiento y escuché aullar a los monos. La explicación la obtuve de nuevo del lanchero.
Le pregunté por cursos de capacitación, me dijo que solo había podido asistir a uno. El problema, advirtió, es que las autoridades los imparten durante la temporada alta, los sábados al mediodía. “Y usted sabe que uno no puede dejar el trabajo”. Él no puede cursar la carrera que imparte el Intecap para convertirse en guía profesional, aún cuando eso le representara mejores ingresos. Solo piensa en los de actualización que hablan sobre epigrafía maya, arqueología y observación de aves, entre otros.
Sobre los folletos, Inguat responde que la información (escueta) está disponible en internet para que la lean los visitantes antes de poner un pie en el sitio. No habla de guías impresas ni mapas. Tampoco el Instituto de Antropología e Historia. Es cierto que visitar el lugar y disfrutar lo que ofrece es satisfactorio, ¿pero acaso no se aprovecharía mejor el sitio si hay alguien que conozca la historia y la narre?
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