Vestidos de traje riguroso, emprendieron una jornada repleta de swing. No era para menos, debían rendirle un buen homenaje al hombre de su inspiración...
Jorge Sierra
Vestidos de traje riguroso, emprendieron una jornada repleta de swing. No era para menos, debían rendirle un buen homenaje al hombre de su inspiración, Gene Krupa, el baterista de la década de los 40 considerado cumbre del período del swing. Encabezado por el batería Michael Berkowitz, el pianista Don Rebic, el bajista David Finck y el joven saxofonista Dan Willis, The Gene Krupa Jazz Quartet, se presentó el pasado jueves 3, en el auditorio Juan Bautista Gutiérrez, de la Universidad Francisco Marroquín.
En términos reales, en los escenarios del jazz mundial, este es un cuarteto de categoría media. Es decir, no figura en los más importantes festivales ni en los catálogos de los sellos discográficos más importantes de jazz. Eso que quede claro. Dilucidado eso, Berkowitz conoció a Krupa y se quedó pasmado. Y es comprensible, porque el legendario batería realizaba solos largos y creativos, además que le gustaba transgredir. Pero la técnica de entonces a ahora, ha cambiado. En ese sentido, Berkowitz no superó a su maestro. La batería ahora busca, entre otras cosas, ser más melodista. En cambio el director sí fue un punto de equilibrio por el cual se pudo disfrutar del estupendo trabajo del bajista Finck, de vasta experiencia en la música brasileña y, luego, del pianista de amplio espectro y con fracciones de lirismo, Rebic.
Hubo perlas en este concierto, en el particular en la formación a trío que excluía al saxofonista Willis, como Nova bossa, I got the rhythm, Music in the night, y Body and soul. Por supuesto, el concierto abarcó las dos horas y donde se repasaron otros clásicos como, Caravan o Sing sing sing, pero Willis, no contaba con un sonido abierto ni arriesgado que le brindara color a las piezas, ni tenía demasiadas historias vividas para darles suficiente sustancia.
Lo que valdría la pena en el futuro, es que la Organización para la Artes, productora de esta actividad, se planteara ya nuevos aires invitando a figuras jóvenes del jazz con formulaciones más libres y actuales. Y así, no seguir alimentando esa idea parcial, avejentada y de cliché del jazz. Esto no obsta para admitir que su presidenta, Geraldina Baca Spross, hace grandes esfuerzos y malabares para llevarles lo mejor a sus asociados.
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