laColumna: El bobo de la cajaPremier“Sólo de La Línea y sus alrededores podían contarse más de cien asistentes”. Por: Andrés Zepeda
El martes de la semana pasada, más de 400 personas atendieron la invitación extendida por las Estrellas de La Línea y acudieron a la función de preestreno. El cine estaba lleno hasta los pasillos de un público entre el que, por supuesto, no podían faltar las protagonistas, acompañadas de consortes, parientes, vecinos y amigos.
Sólo de La Línea y sus alrededores podían contarse más de cien asistentes. El resto de la sala la ocupó una heterogeneidad intersectorial conformada por jerarcas del clero, funcionarios de gobierno, miembros de la cooperación internacional, periodistas, gestores culturales, oenegeros, artistas, empresarios y miembros del más progre jet set capitalino. Los ánimos burbujeaban. La expectación nos tenía a todos en jaque hasta que, por fin, pasadas las 7:15 pm, las luces se apagaron. Hora y media más tarde, la concurrencia en pleno aplaudía de pie entre lágrimas y risas, mientras las Estrellas pasaban al frente a recibir el reconocimiento, la admiración, el respeto e incluso el cariño que la sociedad guatemalteca les ha negado desde siempre. Y aunque aquello haya sido apenas un efímero recodo en medio de sus atormentadas vidas, para más de una fue también la culminación de un sueño. Claro que los sueños, sueños son, pero hay que ver también cómo éstos a veces ayudan a aligerar un poco la carga. Después, la fiesta, a la que llegaron casi todos. Fue glorioso ver al puterío emborrachándose en las mesas del fondo, conversando indiscriminadamente con prohombres y delincuentes, aristócratas y trapicheros, fresas y homies, honorables y crápulas, al tiempo que los niños, más cabrones que bonitos, iban de grupo en grupo mendigando dinero “para una mi agua”. Al final volvía el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas, como dice la canción. Agregar comentario: |
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