La frase “Viajar es vivir” ha dejado de ser cierta en el mundo de hoy.
Gustavo Berganza
Hubo un tiempo en el que viajar por avión era un placer. En algunas aerolíneas era posible, incluso, evitar las largas colas del día de partida prechequeando y dejando de una vez, facturado el equipaje.
Todo empezó a cambiar a partir de la feroz competencia que desató la desregulación decretada por Ronald Reagan en la década de los 80 en Estados Unidos. Con la presión neoliberal por imponer cada vez menos controles gubernamentales sobre la economía se supone que el consumidor encontraría mejores precios por bienes y servicios debido a que la desregulación estimularía la competencia y, con ello, la oferta y esto a la larga redundaría en precios más bajos y un mejor servicio para los usuarios.Lo malo es que esta utopía neoliberal chocó con las duras realidades económicas y políticas. Si bien hubo una rebaja temporal en precios y una mejora relativa en servicios, muy pronto las aerolíneas padecieron las presiones de una pasión monopolizadora, tan típica del capitalismo, y sufrieron además las consecuencias de una oferta petrolera cautiva en manos de unos pocos productores y distribuidores y, además las presiones que el terrorismo ejerció sobre los aeropuertos.
Total que ahora, cuando hay más vuelos que parten desde Guatemala hacia diversos destinos, resulta que es más caro comprar un pasaje, porque el combustible está por las nubes, porque hay gastos extras en seguridad y porque las líneas aéreas, en su afán por reducir costos, han reducido también los servicios que ofrecen incluidos en el precio de los pasajes. Y para mayor inri, cada año que pasa hay menos competencia porque se cierran líneas aéreas. Si no, que lo diga Tikal Jets.
En los últimos meses, me ha tocado experimentar con tres líneas aéreas estadounidenses en vuelos a aeropuertos de ese país y les digo que solo porque no me queda otra he aceptado someterme al calvario de viajar por avión. Una de esas veces, por ejemplo, tuve la mala fortuna de volar por USAir desde Charlotte a Guatemala. Aparte de que en el avión le venden a uno hasta los audífonos, esta aerolínea no tiene ninguna consideración hacia el pasajero. Con decirles que la vez que me tocó viajar el personal que tienen para despachar el vuelo no habla español. Más recientemente tuve la mala suerte de volar por American Airlines y sufrir ese mercado persa que es el aeropuerto de Miami. Usted no me dejara mentir que aparte de lo lento que es pasar por Migración, en donde no solo lo hacen sentir como un delincuente, también es un suplicio el retorno. Facturar el equipaje y obtener el pase de abordaje en el mostrador en el que esta línea aérea amontona a sus clientes puede tomar más de hora y media.
Imagínense si estas son las vísperas hoy, como será cuando se generalice el uso de los Airbus 380, ese gigantesco avión que transportara 580 pasajeros. Si las aerolíneas y aeropuertos apenas pueden con avioncitos como el 737, no puedo pensar en lo que va a suceder cuando empiece a volar semejante ballena.
0 comentarios: