Los más variopintos candidatos se ofrecen como si fueran un suculento postre.
Silvia Gereda Valenzuela
En una intentona por aproximarme a la literatura china, me sumergí en la lectura del libro Los Cisnes Salvajes, de Jung Chang. La historia, un tanto larga pero reveladora nos narra la vida de tres mujeres, abuela, madre e hija que luchan por sobrevivir en una China de principios de siglo, sometida a invasiones, guerras y a la tiranía de Mao. Es el drama de un país en decadencia, pero a la vez un libro lleno de anécdotas y textos conmemorables, dignos de ser releídos y citados, por su profundidad. Mientras me introducía en el texto, encontré una cita que me llamó la atención, y es la que se refiere a las intentonas del tirano Mao por conquistar a su pueblo y convertirlo al comunismo. En ella nos cita: “Mao había aprendido de los antiguos manuales bélicos chinos que el modo más efectivo de conquistar a las personas consistía en conquistar su corazón y sus mentes”. Y así, a mediados de 1940, al terminar la guerra, Mao llegó a controlar a más de 95 millones de chinos, según cita Chang.
“Conquistar el corazón y la mente de un pueblo”, definitivamente esta es la base del éxito de cualquier político y es precisamente el ingrediente más difícil de encontrar en nuestra casta política. Mao lo hizo, lamentablemente con un sistema político como es el comunismo que a todas luces fracasó, porque así es la historia de la humanidad, los buenos consejos algunos los usan para edificar y otros para destruir.
Sin embargo, y más allá de Mao, la frase me llamó la atención, particularmente porque en este período en que vivimos, donde las elecciones se han adelantado y vemos en los medios de comunicación a un abanico de los más variopintos candidatos ofreciéndose como si fueran un suculento postre, el mensaje central de sus discursos se ha perdido o es nulo.
En lo particular me causa mucho pesar que nuestros políticos no se hayan podido adaptar a las exigencias de nuestros días y ni asuman su reto de participar en el ring electoral con estrategias diferentes y renovadas. Faltan más de 18 meses para las elecciones, pero en las vallas ya vemos el puño duro de Otto Pérez, ofreciendo seguridad; el rostro de un hombre sonriente y feliz planteándose como la nueva opción; o un conocido semblante del quien fuera el hombre fuerte de la Democracia Cristiana, Alfonso Cabrera, con un mensaje más maduro que los de antaño pero que no fusiona al país, y a un Álvaro Colom, que con su mensaje confrontativo demuestra que sigue siendo más de la misma politiquería barata. La aparición de Luis Flores, en una sala de hogar usando como fondo la fotografía familiar intenta mostrarnos el rostro de un candidato familiar, diferente al “típico macho”, pero no nos dice mucho y la campaña de Guayo continúa con la línea campechana que antaño utilizó el Conejo Berger. Todos los candidatos, sin excepción han empezado a dar sus mensajes, quieren conquistar el voto de los guatemaltecos. Sin embargo, hay un factor común en todos ellos, que a mi juicio los hará fracasar: y es que ninguno ha intentado siquiera conquistar el corazón y la mente de los guatemaltecos, es más ni siquiera se han aproximado a ellos.
Todos los candidatos parecen haber sido cortados con el mismo molde, su meta es ganar una elección pero han dejado de lado el sentir de los guatemaltecos. Y esto lo digo, porque estoy convencida de que si al menos, alguno de ellos intentara escuchar más allá de sus asesores políticos, que al final no son más que un grupo de “busca huesos y sobaleva”, se daría cuenta de que los guatemaltecos estamos hartos de campañas publicitarias. Estamos cansados, de que a mitad de un período presidencial, vengan los políticos a intentar reaparecer como dioses ofreciendo soluciones. Estamos cansados de que se aprovechen de la propaganda y el poder que implica tener los recursos para despilfarrarlos en los medios de comunicación masivos. Aquí, en este país, más que candidatos necesitamos hombres de ejecución que sepan asumir su rol y luchen a favor del país. No es con cancioncitas pegajosas ni con discursos que se los lleva el viento como los guatemaltecos seremos conquistados. Este editorial encierra un mensaje para todos los candidatos, los que ya nos están volviendo locos con su propaganda y los que están por salir al mercado: Guatemala necesita un cambio, le urge un equipo de hombres y mujeres renovados, que como decían los antiguos chinos estén dispuestos a conquistar el corazón y el pensamiento de su gente. Y esto, señores candidatos, solo se consigue como lo hizo Mahatma Gandhi: quitándose los elegantes ropajes, poniéndose la humilde túnica y caminando junto a su gente, en un camino largo y atropellado donde se tenga que descender hasta llegar al estiércol, donde los pies queden sucios y embarrados. Yo estoy convencida que hasta que quienes nos intentan gobernar no desciendan a los abismos más profundos del pueblo y se embarren de estiércol, no conseguirán ganarse el pueblo de su nación y seguiremos teniendo gobernantes que cada cuatro años nos decepcionan.
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