Ha de tener fuertes presiones de parte de sus patrocinadores.
Silvia Tejeda
¿Cuándo el consumidor guatemalteco se verá beneficiado de todos los enredos económicos que se arman aquí, bajo el argumento de que se hacen las cosas y se toman decisiones para beneficio general, y después todo lo retuercen para beneficiar, como siempre, a unos pocos? No podemos creer que el Presidente de la República ignoraba que el mercado del pollo estadounidense es subsidiado y que las piezas oscuras tienen un precio muy barato porque son consideradas como carne de deshecho. Denota picardía o demasiada candidez para que salga al atajo del problema de los precios del pollo a decir que demandará a Estados Unidos, ante la Organización Mundial del Comercio “ por estar haciendo dumping con el pollo”. La realidad es que ha de tener fuertes presiones de parte de sus patrocinadores para que no permita la entrada de pollo barato y que de algo nos beneficiemos los consumidores.
Sin duda, sus patrocinadores, que también disponen de las cuotas del maíz amarillo y las harinas, quieren beneficiarse de las cuotas de importación, para que ellos tanto en restaurantes como en supermercados sigan vendiendo pollo criollo y pollo importado a un precio estandarizado, como nos tienen ahora, y que no se vuelva a los cercanos años en que otros importadores menores comenzaron a vender la misma carne Q5 menos por libra. Ese beneficio para las amas de casa no lo quieren volver a compartir.
El señor Presidente y sus más estrechos colaboradores deben ser coherentes y coordinados en todo aquello que afirman. El TLC no puede empezar a ser manipulado para beneficiar por dos corrientes a las mismas empresas. Ahora es cuando los teóricos de la economía deben recalcar aquello que tanto pregonan en foros, seminarios y universidades “que el libre mercado solo puede existir en la libre competencia, para que el consumidor tenga opciones donde escoger”. Si algo ha sido un negocio altamente protegido por los gobiernos de turno es el del pollo, desde que Ydígoras Fuentes lo entregó como un monopolio a su amigo personal.
Lo sorprendente de la situación es que, en el caso de las cuotas de la importación del maíz, producto también subsidiado por el gobierno de Estados Unidos, y que pronto acabará con nuestra economía de subsistencia, nadie salga a pedir que se impongan altos aranceles, mientras salen de la miseria los millones de guatemaltecos que no comen pollo, porque su nivel de vida lo único que les permite es consumir tortillas y frijoles. Este es el problema humano y económico más grande que se avecina, que tiene muy sin cuidado a los firmantes del TLC y a los que exigen proteccionismo. Ojalá que, como prometen, las miles de fuentes de trabajo florezcan en el campo.
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